El blog de Yenas

Curioseando y compartiendo

Niñez

7 comentarios

Hoy me comí un Duvalín en el trabajo y me transportó tanto a mis años de niñez, que me sentí en obligación de contar un poco de cómo viví la niñez y lo que opino de los niños hoy en día.

Mi niñez fue en términos generales feliz, viví en una casa con mis papás y mis hermanas, rodeada de muchas cosas llenas de amor más que de abundancia: Me tocaba reusar la ropa de mis hermanas y muchos de los juguetes, cuando éramos chicas dormíamos las tres en el mismo cuarto, y a mi hermana mayor le gustaba que yo zafaba los barrotes de mi cunita de latón para escaparme gateando al cuarto de mis papás. Mis hermanas eran “la parejita” y yo era “el pilón”, pero cuando mi hermana Bicho nació, me convertí en una especie se champiñón del sándwich: la chica de las grandes, la hija única, la grande de las chicas. Me ha tocado un lugar privilegiado en mi familia pues soy el gran angular que ha barrido la historia de mis papás como padres jóvenes y alocados, enérgicos, energéticos, preservadores, magos… y a mis papás como padres maduros; reflexivos, indulgentes, conservadores, en la plenitud de la vida y la abundancia de la cosecha.

Me tocaron grandes brechas con mis hermanas, y creo que a mí más bien me tocó jugar sola y crearme un mundo en el que jugaba sumergida entre notas de flauta (a las 7:00 a.m.), muñecas de papel, libros, muchos dibujos, crayolas, lápices; clósets de toallas, el sofá plegable que era mi nave espacial y muchos, muchos amigos imaginarios que vivían porque yo les prestaba muchas, muchas voces. También mi perro era una parte esencial de mi juego porque crecimos al mismo tiempo y yo juraba que me escuchaba, menos cuando se ponía a bravuconear con el perro del vecino.

Creo que en muchos sentidos no he sido una niña “normal”, pues de muy chica me preocupaban cuestiones que a otros niños les valían madres, nunca tuve miedo de la oscuridad y al contrario, me sentía y me siento hasta la fecha perfectamente hábil para moverme entre sombras, y la disfruto mucho porque duermo bien. En cambio, me aterrorizaba desde muy chica la idea de la impermanencia, el tiempo y la muerte, y muchas veces no pegaba un ojo pensando nada más que si yo me moría, quién se iba a quedar con mis juguetes… pues antes habían sido de mis hermanas, muchos de ellos. Aprendí a leer sola y muy chica y era una aventurada que le daba miedo a mis papás, yo sola en un triciclo rojo contra el mundo.

También, viví en un ambiente mucho muy festivo y rodeado de música de todos los géneros, y me acuerdo de un disco de María Dolores Pradera, que estaba rayado en la canción del “Matacuervos” y a mis hermanas y a mí nos daba mucha risa y no lo quitábamos… Eso me ha valido el título de “jingle girl” como me llama mi querida amiga Chimi. Y sí, mucho del mosaico musical que me gusta viene de las distintas edades y personalidades de mi familia; desde Led Zeppelin, Óscar Chávez y los Doors de mi papá; Barry White, los Beatles, y hasta César Costa de mi mamá, U2, Peter Gabriel de mi hermana Hólika, Heika y su racha de Mijares y Cristian Castro… (¡paso! pero me las sé todas, chale), pero igual Mecano y Presuntos Implicados… hasta Good Charlotte, Razorlight, e Interpol de mi hermana Bicho. ¿De mi edad? Pues Pearl Jam, the Stone Temple Pilots, Incubus… saliendito del grunge de la secundaria y la prepa. De muchos de mis amigos tengo el gusto por el jazz, la salsa y el bluegrass. ¡Oh! Me salí de la niñez…

Un episodio triste que de hecho no recuerdo mucho, fue un abuso sexual que sufrí como a los… 5 o 6 mmm… no recuerdo. Lo trascendente de esto es que, a los ojos de un niño, un abuso es algo difícil de digerir porque normalmente el abusador te dice que todo está bien, pero internamente tu vocecita infantil te dice que NO está bien… pero este asunto de hacerle caso a los mayores no siempre es bueno para los niños que como yo, callamos un hecho así por muchos, muchos años. Y vivimos muertos de miedo, vergüenza, emociones variables, ideas erróneas de uno mismo y su sexualidad. Ahora, puedo hablarlo sin problema y hasta puedo compartirlo; y ha sido una bendición poder hacerlo porque curiosamente me ha tocado ser un punto de apoyo para otras personas que lo vivieron y que no se atrevían a decirlo, sacarlo, machetearlo y dejarlo ir.

Al final recapitulo… mi niñez fue feliz, con sus descalabros como cualquier niño, pero… ES MÁS FELIZ AHORA, lo que quiero decir es que uno es niño mientras mantenga para sí la capacidad de asombrarse, amar sin reparos, aprender, caerse y levantarse como si fuera de hule. Hoy, he elegido conscientemente mantener un corazón puro como de niña, creer en la bondad de la gente y lanzarme a trepar el árbol aunque me pueda caer. Lo mejor de todo es que soy una niña responsable, y ni modo, cuando hay que entrarle a los madrazos, o bien usar tacones y pelo planchado… puedo hacerlo, y lo disfruto. Pero una querida abuela adoptiva me dijo una vez, que la fuerza de una mujer está en saber ser mujer a veces, y otras muchas veces seguir siendo niña. Es de los mejores consejos que alguien me ha dado porque creo que me permite seguir viviendo la vida a plenitud, y hacerme todas las preguntas que se me ocurran del mundo, sin pensar en si son lógicas o no… pues toda pregunta, aunque parezca idiota, es una pugna por entenderlo.

Los niños de hoy… creo que tienen un mundo maravilloso por delante, aún con toda las cosas malas que tiene. Pero todo depende de cómo los eduquemos, no sólo sus padres, si no toda la sociedad. Me parece un gran reto que como sociedad, hemos vivido en un oscurantismo terrible, tantas cosas que parece que no debemos contarles a los más pequeños, tantos prejuicios, tantas ideas erróneas… Pero tantas otras cosas que pueden sembrarse con tiempo y en tierra fértil… hay niños tan sabios, que parece que han vivido mil vidas. Yo creo que es importante que desde pequeños los niños conozcan tanta felicidad como tanta frustración. Tanto reconocimiento y tantos errores. Tanta recompensa pero tanto trabajo. Tanto amor, tanto dolor. Porque la vida no es fácil y los padres no les durarán para siempre. Esto lo digo ahora, y puedo estar súper equivocada… Pero como diría mi mamá… “un día serás madre”… así que ya les contaré. Lo que más quisiera es lograr que mis hijos se vean a sí mismos como seres humanos, completitos e integrales, capaces de tomar sus propias decisiones y de pelear con las garras por lo que es bueno. Que sepan equivocarse y aprender, y que puedan encontrar en cada error y situación una enseñanza propia.

¿Cómo quiero actuar con respecto a la niñez? Pues, ante todo, a mí me educaron en un régimen de verdad, y no creo poder ser diferente con mis hijos. Si bien mis papás pertenecen a una generación en la que muchos temas siguen siendo tabú, siempre me hablaron derecho y como iba la cosa. En mi caso, me gustaría ser totalmente honesta con mis hijos y no crearles la imagen de la súper madre o el súper padre; pues en la adultez todos vemos que nuestros padres no son superhéroes, son personas intentando hacer lo mejor posible algo que no aprendieron en un manual… que pudieron haberla regado en algunas cosas pero que al final han dado lo mejor de sí mismos. Y sobre todo, que siguen su proceso personal de aprendizaje y crecimiento. Creo que mientras las relaciones con los niños se den en un plano de total respeto a su integridad, a sus capacidades y a sus procesos, podría lograr algo muy valioso con los niños que tenga cerca… aprender de ellos porque también tienen mucho que enseñarnos aunque no siempre puedan expresarlo con palabras.

Autor: yenas

Diseñadora, viajera, aventurera, que goza de la vida y se sorprende con ella a cada momento.

7 pensamientos en “Niñez

  1. Es sorprendente como los niños pueden ser tan fuertes como vulnerables al mismo tiempo…y sí, ellos lo saben todo.

    Sigue escribiendo Yeni…¡¡Felicidades!!

    • ¡Mi querida Ye-yé!
      Gracias por tu comentario, tú que eres mamá escríbele todo lo que quieras porque me imagino que con tu experiencia, hay tanto qué contar.
      Te agradezco el poder compartir contigo todo esto.🙂 Un abrazo, ¡nos vemos prontito!

  2. Cuando Mafalda dijo que pararan el mundo porque se quería bajar, fue porque no tenía un triciclo rojo para poder enfrentarlo ni un perro confidente.

  3. hoy tuve un día horrible de muchisimo trabajo estaba medio depre por broncas personales, pero leerte y contagiarme de tu optimismo y amor por la vida, logró sacarme una sonrisa..
    gracias Yeni y no dejes de escribir!!..
    un enorme abrazo!!..🙂

  4. Yenas hermosa, en efecto, los niños pueden con la verdad. Como sabes, comparto profundamente contigo el respeto por los niños, y creo que parte de este respeto es ser honestos con ellos y dejarles saber la verdad o más bien las verdades, especialmente cuando tienen ver con ellos mismos. Y ayudarles a entenderlas, y ayudarles a vivir con ellas. Tú eres ejemplo de que con todo y eventos traumáticos es posible procesar, recuperarse ser feliz muy feliz. Vivir con la verdad.

    Gracias por compartir y por ser tan chida. ¡¡¡Besos!!!

  5. Huit: Con todo y herramientas hay muchos que quieren bajarse, y a veces lo hacen… Qué importante es sentirnos rodeados de gente que nos quiere y nos apoya cuando no todo va bien.

    Patty: Es un honor saber que lo que escribo le sirve de algo a alguien, gracias por compartirlo, y por cierto, tú que tienes hijos, ayúdame con más comentarios, el enfoque de quien ya es mamá, y por cierto de hijos en edades muy diferentes.

    Luquitas: Te admiro muchísimo y creo que con Marcelo son un gran ejemplo a seguir. Gracias por estar al pendiente y bueno… espero muchos comentarios tuyos.

    Les mando un abrazo, gracias por seguir esta aventura😀

  6. Pingback: Childhood | Yenas' Blog

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