El blog de Yenas

Curioseando y compartiendo

¡Recibidas!

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Esta semana inicié con una buena noticia, ¡las cartas que envié fueron recibidas!  Mas otras dos que no envié por correo, sino que entregué furtivamente como cuando uno juega al amigo secreto.

Y de repente, escuchar que por teléfono mi prima de diez años me dice, “Sí, ya leí tu carta, escribes muy bonito pero no entiendo tu letra”, o mi hermana mayor me pone toda loquita en skype “ya la teeeeengoooooo” son de esas pequeñas satisfacciones que pueden cambiarle a uno todo el día. Y claro, cuando se entregaron secretamente, los destinatarios llegan con una gran sonrisa y recibes un abrazo inesperado, seguro que tienen un buen efecto. Dejar una carta escondidita para que la encuentren tiene el riesgo de contagiar la buena vibra.

A veces me pregunto cómo harían esos noviazgos de antes, en los que, por ejemplo, si el novio se iba a la guerra, escribía cartas a su amada, ponía el corazón en ello y las enviaba sin saber si las recibiría. Cuántas cosas tenía que pasar esa carta para llegar a su destino. Y cuando la recibía la amada, la podía leer una y otra y otra vez, saboreaba cada trazo de la letra de su novio, cada palabra llena de dramatismo, y más si veía por ahí un poco desmanchada la tinta como si hubiera caído una lágrima (o una gota de lluvia, pero era mejor imaginar la lágrima). Y cada carta, cada línea y palabra, eran un motivo más de espera y fidelidad.

Y el recuerdo se aferraba a un trozo de papel escrito de puño y letra del ser amado. Me encanta el caso de la vecina de Amelie que guardaba las cartas de su esposo, y lo que sucede cuando recibe “la última carta”, la que necesitaba para ser feliz. Se los dejo en un videíto, aunque les recomiendo ver la película completa si no lo han hecho.

En fin, hoy en día, justamente por la facilidad que existe para estar en contacto con la gente, una carta adquiere un significado muy especial, ya que aunque podríamos decirnos mil cosas por skype, facebook, e-mail… siempre queda la posibilidad de plasmar lo mejor de uno mismo en una carta, que le diga a nuestros seres especiales, qué tan especiales son, y que en un papel que guardamos en un cajón del buró, en nuestro libro predilecto o incluso bajo nuestra propia almohada, podamos leer, repasar y releer las emociones de alguien que en otro punto, cercano o lejano, nos añora.

Ya me encuentro diseñando nuevas hojas de carta y sus sobres, para escribir a más personas que me han enviado sus direcciones, ¡Cuando las cartas sean recibidas, espero una confirmación! Y si es posible y así lo desean, una respuesta.🙂

Autor: yenas

Diseñadora, viajera, aventurera, que goza de la vida y se sorprende con ella a cada momento.

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