El blog de Yenas

Curioseando y compartiendo

Viaje

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EN términos duros y generales, un viaje es un desplazamiento de un lugar a otro. Y se infiere que este desplazamiento es por un lapso considerable de tiempo o a una distancia considerable de la del punto de partida, aunque personalmente no creo que siempre sea así.

En mi imaginario, el viaje siempre ha estado presente. Mi familia tenía esta rara costumbre de ponernos dos mudas de ropa en una maletita, treparnos al carro y mi mamá preguntaba “¿A dónde vamos?” y mi papá respondía “Pues a ver, ¿no?” Y comenzaba un trayecto lleno de aventuras, paisajes, emociones, canciones, mareos, vomitadas, limpiadas, dormidas, despertadas, zarandeadas, accidentes dignos de anécdota (afortunadamente), entre miles de elementos que conforman el viaje.

A lo largo de nuestra historia familiar entonces, tuvimos chance de hacer viajes cortos y viajes muy, muy largos, en diferentes tipos de transportes también. Y nunca sentí la sensación de hastío o de incomodidad. Siempre de emoción a la aventura, a lo nuevo y desconocido, o a lo conocido pero ansiado, de ir a un lugar diferente de donde uno vive. Después la misma vida te va llevando de viaje, a vivir a otros lugares, a crecer, a madurar y a probar otras formas de viajar.

Este fin de semana viajé a la casa de mi hermana. Y viajé literalmente no sólo porque me moví, sino porque tuve la oportunidad de compartir su mundo, sus rumbos, su cultura, la dejé que me llevara a los lugares que me quería mostrar. Y me gustó como ella, viviendo también en una ciudad que no es suya, se ha apropiado del lugar, de la gente, del ambiente, de los rincones, de la comida… Así que cuando uno viaja, justamente sirve el hecho de olvidarse de sus propios esquemas y dejarse llevar por los nuevos. Si al final esos nuevos esquemas comienzan a formar parte de uno, pues seguramente ahí hubo un crecimiento importante.

Cuando ella me recogió, se sorprendió de verme solamente con una bolsa… “¿Ya, no traes nada?”

Y sí, cada vez trato más y más de viajar ligera. Cuántas veces pones ropa para un viaje de 7 días y nunca la usas completa. Cuántas veces metes un libro, una revista, por si te aburres, calcetines de más, toooodo el tocador; y a la mera hora el uso de tus cosas se limita a lo más básico porque, la emoción de recorrer el lugar era mucho mayor que la intención de usar tus propias cosas. A quién no le pasó que le perdieron las maletas y se quedó sin nada de todos modos… (Otro cambio de esquemas). Viajar ligera implica quitarse complicaciones, una playera, mismos zapatos, mismos jeans, una chamarrita, ropa interior… lo que necesite seguro se resuelve en el camino. Viajar ligero de cosas materiales además te hace más libre… te preocupas menos, te mueves más rápido, más barato, más seguro. También, agudiza los sentidos, hace que tu cabeza resuelva algunos problemitas sencillos de supervivencia, le da un poquito de condimento a las experiencias y pone a prueba tus propios límites.

Especialmente, me gustan los viajes en los que me toca usar mapas para moverme. Este asunto de “estudiar el territorio” para formar parte de él y apropiártelo me parece un ejercicio muy bueno para la cabeza que observa con todo para tener referencias, para el cuerpo que de inmediato busca con qué ubicarse, para la intuición que integra todas las señales y comienza a mostrarte como para dónde hay que caminarle, qué tren tomar, a quién pedirle indicaciones.

En fin… debo decir que afortunadamente me ha tocado hacer viajes de los cuales siempre he retornado con muchas buenas anécdotas, con conocimientos nuevos, renovada interiormente de saberme capaz de hacer cosas que a veces creería que no podría hacer; de gente que uno conoce en el camino, que a veces no vuelves a ver, y que a veces hasta te sigue para seguir compartiendo…

De repente pienso en los viajes que mucha gente tiene que hacer, no por gusto sino por situaciones adversas de la vida, y admiro a toda la gente que por alguna razón, los elementos que describo en este momento como gozosos y felices, se tornan en dificultades que hacen de la experiencia algo doloroso; pienso en todos los mexicanos que han emigrado al norte en busca de mejores oportunidades y todo por lo que pasan; pienso en refugiados de guerras que tienen que estar en países que no son los suyos, entre gente que no los quiere, que a veces hablan hasta otros idiomas… Pienso en personas que son forzadas a salir de sus territorios por negocios sucios o criminales… Creo que es de admirar el temple de estas personas, que a veces tienen que sacrificar la seguridad de su lugar de origen por algo que está fuera de sus manos. Y nuevamente, como decía mi abuela, “siempre hay que sentir un poco de hambre y un poco de frío” pues entonces es cuando puedes ponerte en el lugar de otros no tan afortunados, y nunca dar las cosas por hecho cuando se tiene todo. En ese sentido, creo que la austeridad o la sobriedad son valores muy importantes que he aprendido de viajar, porque permiten resolver cosas, permiten adaptarse y poner la inteligencia a trabajar.

La vida es un viaje… Un movimiento continuo en el que, si podemos vivirla como tal, sabremos que de todo podríamos quejarnos y de todo podríamos maravillarnos. De los viajes por tierra, siempre me gustó ver los paisajes, y en la noche, ver en los retrovisores las luces de los autos de atrás, vibrando con los baches y creando dibujos animados para mí. De los viajes por aire, las formas que hacen las nubes, el color del cielo, las ciudades pequeñitas con formas como de edredón en los sembradíos, carreteras, fraccionamientos… de los viajes en agua, el movimiento, el color del mar, las sorpresas que te puedes encontrar debajo y la emoción de tocar tierra. Y sin embargo, conozco a mucha gente que en todos lados van incómodos. Que si están sentados mucho tiempo, que si no pueden dormir, que si qué latosos niños corriendo por los pasillos… Los mareos, la mala comida, la falta de baño…

En la vida, también creo que hay mucha gente que se queja de todo y deja de ver todo lo maravilloso que podría superar lo negativo. Alguien dijo que la vida no es un destino, sino un viaje… Pues el trayecto tiene tantas cosas interesantes y únicas, que hacen cada viaje (aunque sea a la esquina) único y maravilloso si se abren los sentidos y observamos a nuestro alrededor. Al menos en la vida, ya sabemos qué nos espera al final de ella… habría que hacer del trayecto algo disfrutable en cada tramo recorrido.

Si alguien me pidiera un consejo de vida, sería el que nos dio mi abuelo, que puso en práctica y que permeó en nuestras vidas: “Viajen, porque al final de la vida, nadie se lleva nada, más que la experiencia… lo viajado y lo bailado nadie te lo quita.”

Autor: yenas

Diseñadora, viajera, aventurera, que goza de la vida y se sorprende con ella a cada momento.

Un pensamiento en “Viaje

  1. El mejor vehículo para el mejor viaje es la imaginación… y si se suma a cualquier aventura se disfruta más ésta.

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