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Ritual

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Anoche, después de un largo día de cruda, me dieron ganas de un baño en tina, pero de esos que te hacen salir derechito a la cama. Me salí al súper, elegí un gel de baño con fragancia de Lotus, regresé a la casa, busqué el incienso, una música de arpas, un tratamiento de cabello… y me eché un clavado en la tina por casi una hora.

Nadie me molestó. Como si en la casa se hubieran dado cuenta que no estaba disponible -ni yo ni el baño- simplemente tuve una hermosa hora de silencio interior, recuperando energía, sintiendo la sangre correr, mi piel hidratarse y luego arrugarse como pasita, los aromas mezclados del incienso y el jabón flotar por el aire, la música un poco enturbiada por el vapor. ¡Delicioso!

¿Qué sería de la vida sin el ritual?

En nuestros tiempos actuales, tenemos a veces demasiada prisa. En muchas sociedades modernas se ha renunciado a Dios, se ha renunciado al espíritu, solo porque la ciencia puede comprobar cosas que antes se les atribuía a los dioses. Actualmente es más favorable aprovechar el tiempo y convertirlo en dinero. Vivir un día tras otro con una rutina, en que la se es productivo, en la que cada segundo está aplicado a lograr metas.

Y sin embargo, todos tenemos rituales. Pequeños, íntimos, cotidianos, personales -como lavarse los dientes, hacerse el café de la mañana, el maquillaje para el trabajo- medianos, como los familiares -la navidad, los cumpleaños, las bodas, los bautizos, las salidas con amigos- y grandes como los sociales, nacionales -fiestas patrias, por ejemplo.

La pregunta es qué tanto seguimos el ritual por tradición o qué tanto nos involucramos en él, ponemos atención a sus partes y dejamos que la magia haga su trabajo.

Porque el ritual ha existido siempre. Se le ha ligado a las religiones, o a la sociedad, o a la mística de una comunidad en particular… pero siempre ha existido. Normalmente un ritual significa plantearnos lo sagrado en lo cotidiano, por un momento concentrar toda nuestra energía en una actividad, que tiene una preparación y ciertos pasos, con la que marcamos el paso de un estado a otro. Recuerdo como en varias sociedades, por ejemplo africanas, se tiene un ritual para pasar de la adolescencia a la madurez, a los chicos les dan a cumplir una tarea sagrada, a las chicas se les hace una ceremonia especial para celebrar su primera regla y pueden usar joyas o vestido. El Bar Mitzvá, la primera comunión, el bautizo, los XV años, las bodas, los funerales, son rituales que indican un cambio de estado. Hasta las fiestas de año nuevo y todas las prácticas que hacemos ahí -comer las uvas, usar chones rojos, sacar las maletas- son símbolos que adquieren relevancia social y por eso los seguimos practicando. En muchos de estos rituales solemnes, se nos da una oportunidad de reflexión y comprensión de una realidad que es dinámica, y algunos de estos cambios son inminentes e inevitables, como en el caso de una muerte.

Festivos, solemnes, tradicionales, de iniciación o culminación, conmemorativos… Hay rituales para todo. Sólo que, al igual que en las religiones, critico cuando nos quedamos en la forma y nos perdemos del fondo. ¿Qué significa hacer o seguir un ritual? ¿Para qué lo hacemos? ¿Qué queremos que pase después de hacer el ritual? Porque me parece que un ritual funciona de maravilla si ponemos realmente nuestra intención y nuestra energía en él. Crea un espacio de conexión de diálogo, entre nuestro yo interno y el exterior. Nos predispone a realizar cambios, a depurar y a nutrir, a dejar atrás viejos esquemas, en mayor o menor medida. Significan en muchos casos, desprenderse de algo viejo y recibir algo nuevo. Le dan un condimento especial a nuestros días, pues, al marcar etapas que inician o finalizan, nos conectan a un estado de producir abundancia, de vibrar en armonía, de dejar atrás el pasado y vivir el presente. Nos sacan de la rutina para sintonizarnos al aquí y al ahora. Nos llevan a nuestro umbral emocional, hacen que nos conmovamos con cosas, nos permiten expresar emociones y ser más humanos.

Todo puede ser un ritual. El chiste es escuchar al espíritu y al cuerpo y entender cuándo necesitamos uno. Puedes hacer limpieza todos los días en tu casa, pero cuando te plantees una limpieza ritual, podrías hacer exactamente lo mismo pero predisponerte a ello de diferente manera. Elegir una música que te inyecte la energía que necesitas, comprar tus limpiadores adecuados, planear desde dónde quieres empezar y sobre todo, al conectarte con el ritual, visualizar también, con esa limpieza, qué estás limpiando en tí, energéticamente. Este es un ejemplo, pero podríamos hacer de absolutamente cualquier tarea cotidiana, un ritual: Cocinar -como pronto lo escribiré en otro artículo- preparar una cena con amigos, disponer tu espacio de trabajo, el baño, estar con la pareja, visitar a los padres, caminar por el parque, ir a un museo, pasear al perro, una tarde de amigas o hermanas… (ésas las extraño tanto).  Cada quien puede diseñar sus propios rituales y encontrar los símbolos que le den poder, que nos muevan fibras en nuestro ser; las velas, el incienso, la música, la prenda de algún color, la hora del día, las personas que intervienen, etcétera.

Acabo de hablar enfocada a los rituales personales, pero, conviene con ello reflexionar sobre los rituales familiares y sociales, aquellos que ya están establecidos, los conocimos tal vez dentro de la cultura en la que crecimos. ¿Conocemos para qué son, cuáles son los orígenes, los símbolos y el estado que marca cada ritual? Porque a cuántas personas conocemos que participan de un ritual “por tradición” y no lo disfrutan, lo ven más como una obligación o un compromiso que cumplir sin pensar qué le está dejando personalmente el practicarlo. El analizarlo, asignar significados existentes o nuevos, comprenderlo en su totalidad y participar en él gozosamente.

Tengo una amiga que en su perfil de Facebook enlista su religión como “Todo es sagrado”. Al principio no comprendía muy bien si realmente TODO es sagrado, pero ahora entiendo que todo puede serlo a través de un ritual que permita ver con ojos nuevos nuestra realidad, que nos permita conectarnos con otras personas desde una intención, cualquiera que sea. Es tener el cristal que le da a lo que tenemos un tono especial.

Hoy, haz una revisión de tu rutina, encuentra tus propios rituales y redimensiona los que tienes; encuentra los símbolos que te definen como persona y hazlos tuyos en cada ritual. La vida seguramente nos será más llevadera, más alegre y más fácil de compartir, cuando entendemos nuestra propia naturaleza sagrada y la practicamos en cada momento.

Autor: yenas

Diseñadora, viajera, aventurera, que goza de la vida y se sorprende con ella a cada momento.

5 pensamientos en “Ritual

  1. Me encantó!!! Nuestra familia está llena de rituales basta ver a las tías cocinando!
    Un abrazo !!

    • Querida Leily,
      Efectivamente, muchos de nuestros rituales vienen de la familia, y de cómo vemos lo sagrado en lo profano…
      Tú y yo crecimos en una familia que aprecia mucho, por ejemplo, el buen comer y la buena compañía, de ahí que haya rituales especiales para nuestras reuniones familiares, que extraño tanto… ¡Abrazos!

  2. Me gusta lo que piensas y me gusta cómo lo redactas porque te hace ser la mujer que eres y me das la oportunidad de sentir todo este amor que siento por ti.
    Te amo hermanita y eres muy importante en mi vida.
    Mi siguiente ritual es para hacerte llegar todos mis buenos deseos y para que no dejes de compartirnos todo esto que eres.

    • 😀 Gracias Andresito, por leerme y también por ser parte de muchas experiencias que rayan en lo místico. Te mando un abrazo enorme y no dejes de compartirme fotos de tus rituales familiares!!! Abrazos a las chicas.

  3. Añadido posterior: Quiero compartirles que la navidad pasada, mi familia y yo comenzamos un nuevo ritual: En vez de darnos regalos nuevos, escogimos nuestros libros favoritos y nos los intercambiamos con la intención de compartirnos lecturas recomendadas y libros con cierto valor emocional.🙂 ¿Qué rituales tienes tú?

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