El blog de Yenas

Curioseando y compartiendo

Paciencia parte 2: Las flores y el jardín

7 comentarios

Bueno, pues hace casi un mes, inició un pequeño viaje de introspección hacia un proceso de la naturaleza que muy a menudo se usa como metáfora cuando hablamos de otros procesos en la vida humana: las relaciones interpersonales, los negocios, los logros, la obtención de conocimiento, madurez o experiencia, entre muchos otros etcéteras.

Acorté la colección de 8 fotos del artículo pasado, y como en anuncio de cirujano plástico, me quedé en el “antes” y el “después”. Veamos:

EL ANTES: 8 jun 2011

EL DESPUÉS: 4 jul 2011 ¡Soberbias!

Las Gerberas y la gran lección de Paciencia. 

Debo comenzar diciendo que yo la verdad es que nunca he sido una gran jardinera. En parte porque andaba mucho tiempo fuera de casa, y a veces en verdad no tenía tiempo de poner atención a lo que mis plantas necesitaban. En este país, en cambio, entre estudiar idiomas, conocer a no mucha gente y a veces el clima, he tenido mucho tiempo para desarrollar habilidades que no sabía o no recordaba que tenía, entre ellas, la de cuidar una planta y hacerla crecer. Suecia me ha quitado, al menos temporalmente, varias de las cualidades que yo considero esenciales en mí (la comunicación, la expresividad, el contacto humano) para ponerme en silencio interno y descubrir esas otras habilidades como de pensadora, de bruja, de artesana y cocinera, y en verdad que lo agradezco mucho.

Así que un día, compramos estas gerberas en maceta y me ha sorprendido tanto el proceso de cuidarla y de verla crecer, madurar, secarse, tener botones, hojas nuevas y flores, que en verdad comenzó un proceso de conexión y análisis de las implicaciones de tener un jardín.

Las gerberas… flores hermosas de pétalos finos y de color saturado. Las hojas son frondosas y firmes. Normalmente había recibido gerberas en arreglos florales, de esos que duran una semana y luego hay que tirarlos a la basura, así que no tenía idea de cómo cuidar una…

Y así como las gerberas, las relaciones personales y otros proyectos o situaciones, se presentan hermosos, fragantes, frondosos… pero no tenemos ni idea de lo que nos requiere para mantenerlos vivos.

Día tras día, vamos verificando las cantidades precisas de los recursos que la planta necesita, vamos aprendiendo cuál es su chiste, su medida, sus mínimos y máximos, su tolerancia y resistencia. Me atrevo a decir que al inicio de un nuevo proyecto es exactamente igual, consciente o inconscientemente “ponemos a prueba” la resistencia de una pareja, “eficientamos” el tiempo que le dedicamos a un proyecto, o “empujamos” recursos para la adaptación a una nueva vida. ¿Hasta cuando? Si somos maduros, hasta entender lo que se requiere y hacerlo adecuadamente. Si no lo somos, hasta que la planta dé de sí y se muera por hastío o escasez.

La tierra. La base donde se cimienta una planta. O una relación. O un proyecto. Recuerdo en la Biblia el pasaje del buen sembrador, y aunque yo ya no voy a la iglesia ni me considero religiosa, recojo este pequeño pasaje de sabiduría: ¿En dónde siembras tu planta? ¿En tierra abundante, profunda, fértil? ¿En rocas? ¿En arena? De ella depende retener el agua y darle un sustento a las raíces de la planta. En una relación es bueno preguntarse, ¿qué me atrajo de una persona? ¿por qué estamos juntos? ¿compartimos trivialidades o tenemos intereses profundos y mutuos? ¿Compartimos valores en la misma prioridad, o los entendemos y practicamos de la misma manera? Es posible que en una pareja, al igual que en una planta, tengas que excavar varias capas de tierra para saber cuál es su base. Y entonces a veces, aunque por encima se ve negra y abundante, debajo tiene piedras huecas. O arena débil. O piedritas que le complican a las raíces sostenerse. O tal vez gusanos de tierra que aunque se ven asquerosos, en realidad le ayudan a la tierra a oxigenarse.

Pienso en la tierra cuando pienso en los valores que tengo de una cultura de la cual provengo, que a veces se acomodan perfectamente a otras personas o por el contrario, chocan de manera casi irreconciliable. La tierra siempre es el sustento de una persona en ese sentido, por eso escarbar en la tierra, -o sea, cuestionar nuestros propios valores- y contrastarlos con los de otra persona, un amigo, una pareja, un compañero de trabajo; o como en mi caso, con los de un país y una cultura completos, nos da una visión muy amplia de lo que es verdaderamente importante para nuestra esencia humana.

El agua. Es la fuente primaria de vida, uno de los alimentos básicos de una planta. En el plano energético, se asocia al agua con las emociones y con cómo las dejamos fluir.

Cuando hay mucha agua la tierra se satura y se pelan las raíces, y se pudre. La planta se fastidia de tanta agua. Cuando hay poca, es una tristeza ver cómo la planta está desanimada, caída, su color se vuelve insano, a veces muy pálido o muy oscuro. ¿El agua simboliza el amor? Puede ser, cierto tipo de alimento. Mi abuela decía: “Ni todo el amor ni todo el dinero”. Al igual que una planta, no podemos tener un día cargado de energía con una pareja o unos amigos y luego olvidarlos el resto del año. El agua debe tener una medida precisa y constante, que mantenga a la planta saludable. La pequeña Gerberita estaba muy bien con una dosis de agua todos los días, hasta que me di cuenta que dosis más pequeñas pero más constantes eran mejor para la tierra de la maceta. ¿Hablamos de los detalles? La amabilidad, la cortesía, una sonrisa o una caricia en una relación son pequeñas gotitas de agua que podrían mantener una maceta bien hidratada durante todo el día. Y tal vez, cada dos días una medida un poco mayor, para que esas, que son pequeñitas, no se evaporen. El agua y la tierra hacen un equipo formidable, cuando la tierra es firme para retener al agua. Y sí, a veces cuando me he sentido un poco falta de amor, porque en esta cultura son un poco más “secos” (vean como hasta el término aplica en este caso) de hecho me visualizo un poquito “marchita”. Pero tal vez yo sea también una planta un poquito más delicada.

La luz del sol: La luz tiene relevancia en un país como este en el que las estaciones son tan marcadas. Ahora en el verano tenemos tantas horas de día y tan poco tiempo de noche. En el invierno es al revés. La primavera y el otoño son un poco más equitativos.

La luz en un plano energético siempre simboliza la riqueza de la vida interna, la creatividad y la espiritualidad. Es una fuerza que debe mantenerse en equilibrio con la base, la que genera congruencia y crecimiento.

Una planta que no tiene luz suficiente comienza por mostrar diferencias en su coloración, las hojas son más oscuras, reciben menos agua (aunque la tengan). La tierra se pudre, las raíces se saturan y pueden generar hongos o parásitos a la planta que viven mejor sin luz. Efectivamente, en la vida personal, sin una luz que sea nuestra brújula espiritual nos volvemos condescendientes con nosotros mismos, generamos vicios, no valoramos el amor y no lo absorbemos de la misma manera porque no significa nada. Preguntémonos cuántas veces nos exponemos a una luz saludable, como formar nuevos hábitos o tener una práctica espiritual. Como pareja, cuántas veces hablamos y compartimos tópicos interesantes y enriquecedores, si compartimos algún ritual o generamos nuevas ideas. En un proyecto, cuál es su fin último, a quién beneficia, qué deja a la sociedad.

Por otro lado, la planta que tiene demasiada luz (eso en este país puede ocurrir), la tierra se resquebraja, el agua se evapora rápidamente antes de ser absorbida, la flor se “cansa” y aunque está sana, no siempre está firme. Esta exigencia del deber ser no tendría por qué ponernos metas exhaustivas y hacernos despreciar por completo los pequeños detalles de la vida, y sobre todo, despegarnos de la tierra a tal grado de secarnos las raíces. Lo traduzco a una ambición que podría costar la vida o a metas tan imposibles de alcanzar que generan frustración y cansancio.

El jardín

Paralelo al cuidado de las gerberas con su sorprendente lección, otras plantas estaban a mi cuidado, todas muy derechitas en el borde de la ventana. De distintas especies, me tocó ir calando cada una de la misma manera para saber sus medidas de agua y luz. Y nuevamente, cada una de ellas me dio una lección sorprendente.

La hierbabuena: Lo que a veces subestimamos genera la fuerza que nos hace crecer… renovarse o morir.

La que era mucho más grande de lo que yo pensaba.

Esta hierbabuena la compré en un supermercado, en una macetita pequeña con tallos muy largos y hojas muy finitas. La verdad es que la compré para hacerla crecer un poco más y preparar mojito. En poco tiempo, esta amable plantita se llenó de muchas hojas, y tallos muy, muy largos. Llegado el tiempo de hacer la bebida, corté los tallos y las hojas que necesitaba, la podé, le quité las hojas secas y pensé que era suficiente. Por unas semanas más siguió generando muchas más hojas pero los tallos ya no crecieron. Luego, en el transcurso de una semana, las hojas comenzaron a ponerse negras, algunas de ellas secas. Yo no entendía qué le pasaba, le corté nuevamente hojas y tallos, la regué con agua y un poco de jabón para prevenir hongos, y nada. Hasta que me di cuenta que hasta abajo, había un enredo de tallos y raíces que no habían podido brotar porque no tenían espacio.

Pobre plantita. Pensé que como la había podado, no iba a crecer más. Cuando la transplanté a esta maceta más grande en la que está, me percaté de que, en efecto, estaba en aprietos. Tenía todo hecho nudos. Por el contrario, ella quería crecer más, estirar sus tallos, generar más hojas, y no tenía el espacio suficiente para hacerlo, y entonces se estaba muriendo.

¿Cuántas veces nuestra rica vida interior no tiene un canal de salida adecuado? Cuántas veces nos subestimamos tanto que caemos en un círculo vicioso que nos lleva a pensar que no somos suficientes, y que entonces no podemos, y que eso nos hace menos y bla bla bla… cuando en realidad dentro hay un tumulto de hojas y tallos que necesitan estirarse y expresarse. Peor aún, ¿cuántas veces lo hemos hecho con los demás? Tachado a alguien de inútil, de tonto, de incapaz, colgarle una etiqueta que lo frustrará y lo ahorcará, a veces cambiando su vida para siempre.

Afortunadamente, cambié esta planta de maceta a tiempo. Una maceta más grande, con más tierra, con algunas piedritas para que sus raíces se afiancen bien. En esta foto pueden ver cómo un tallo da dos vueltas, se estaba ahorcando. Hoy, ese tallo está emergiendo a la superficie con más hojas, y la fluidez de luz y agua en su nueva maceta la ha hecho recuperar su color y su aroma, su esencia.

Lección: Antes de juzgar, escarba en las raíces y mira mejor cómo puedes ayudar a que algo crezca de mejor manera.

Las tres echeverias y sus sorprendentes reacciones: Aunque tenemos valores comunes, cada individuo tiene una personalidad.

Las echeverias son plantas de origen mexicano, desérticas y un poco cactáceas (la verdad no sé mucho de botánica). Pero Anders las tenía porque se ven muy bonitas y no requieren de muchos cuidados. Sin embargo sí requerían de cuidados porque habían crecido mucho en el tallo, tenían hojas podridas y se estaban yendo de lado. Consulté una página de internet especializada en estas plantas y su mantenimiento, y encontré que generalmente las echeverias son plantas “fáciles de cuidar, exigen poco, son hermosas y de fácil mantenimiento. Cuando se les trasplanta o se les corta el tallo suelen perdonar fácilmente y volver a retoñar”. Una plantita sumisa, humilde y agradecida. (¿Serán estos valores también comunes a los mexicanos?)

Así que me di a la tarea de darles mantenimiento, “conocerlas” (hola mucho gusto, vengo a ayudarles) y esto fue lo que pasó.

La “pequeña” echeveria verde: Sincera y auténtica.

Resultó der congruente y fiel a sus valores.

En una maceta pequeña estaba una echeveria patona (con el tallo demasiado largo) y a su lado una pequeña echeveria, como un boton chiquito. ya no cabían en la misma maceta por lo que decidí pasar la pequeña a una maceta más grande y cortar la patona y dejarla en la misma maceta.

Esta es la echeveria “pequeña”. Fiel a sus valores, al trasplantarla creció de inmediato y se adueñó de toda la maceta. Pronto necesitará otra maceta más grande.

Muchas personas en la vida se muestran como son. Hay que agradecerles que vivan en un régimen de verdad y de congruencia, y hay que seguir ese ejemplo.

La echeveria rosa: Vivir en una apariencia nos aísla de nuestras verdaderas necesidades.

Ella se hizo la fuerte y al final no sé si podré salvarla

La echeveria rosa era un magnífico ejemplar mucho muy patón. Su tallo había crecido unos 15 cm, y la flor trataba de erguirse pero era más pesada que el tallo por lo que necesitaba recortarse para que pudiera sobrevivir. Así que la recorté como lo leí en la página, tomé la flor, le dejé una patita de unos 4 cm para volverla a enterrar en la tierra y que enraizara. Curiosamente, por mucho tiempo estuvo absolutamente sin ningún cambio, no se marchitó pero tampoco creció como la anterior. Un día que puse un poco de agua de más… ¡Flotó!😦 Ups… significa que me había estado engañando todo este tiempo, nunca enraizó y se estaba muriendo. Ahora estoy viendo si la puedo salvar.

A veces vamos por la vida aparentando que podemos más de lo que podemos. Tomamos menos de lo que necesitamos. ¿Por qué? A veces por timidez, inseguridad o soberbia. Qué importante saber demostrar cuándo no podemos más y necesitamos ayuda. Antes de que sea demasiado tarde.

La antigua echeveria “patona”: Aprovechando creativamente las oportunidades.

La despojé de sus mejores adornos y ella se reinventó a sí misma, fiel a su esencia.

De la primera echeveria, les contaba que había una patona y un botón pequeño. Ésta es la patona. El tallo había crecido mucho y tenía algunas hojitas en su base, la flor original estaba mucho muy maltratada. Así que, confiando en ella y en su “humildad y agradecimiento” la corté toda, dejando el tallo un poco al ras con algunas de las hojitas que habían comenzado a nacer.

Este es el resultado. No sólo creció y siguió fiel a su esencia, sino que además lo hizo de una manera exuberante y divertida, como ninguna planta de su especie. ¿Por qué? Bueno, es una planta y no podría explicarlo. Pero me pareció admirable cómo de un momento que podría haber sido una total crisis (como lo fue para la echeveria rosa) este tallo tomo una fuerza nueva para hacer lo que se le dio la gana.

Este es el caso que vivo y el de muchas personas que por razones diferentes nos vemos caminando nuevos caminos. Aunque parece que te han quitado tu identidad (la antigua flor) y te han dejado desnudo con un pequeño tallo y dos pequeñas hojas, puede ser el fin… o el inicio.  Nos vemos con un cuaderno de hojas lisas en el cual podemos escribir, rayar, rasgar o no hacer nada. La pequeña echeveria decidió que para ella era un inicio, y explotó en creatividad. Las personas salimos adelante de muchas y diferentes maneras. Lo importante: Ser fiel a tu esencia y fortalecer tus raíces. A partir de ahí, haz lo que quieras, sé único.

Me gusta esta planta porque es mi modelo a seguir. Me encuentro en la fase de encontrar hacia dónde quiero que crezcan mis hojas. Mis habilidades, mis nuevas actitudes, mis nuevos hábitos. ¿Qué quiero hacer? Pues eso estoy decidiendo, y mientras sigo fortaleciendo mis raíces para no morirme. Y podría, como la echeveria verde, seguir el mismo patrón de crecimiento, o podría, como intento hacer con la ex-patona, volverme un poquito loca intentando formas nuevas e interesantes. No sé si funcione, pero el proceso está siendo más que divertido aunque a veces exige mucho más de mí, más flexibilidad, más apertura de mente y corazón.

Gracias por leer esta aventura. Este jardín ha dado nuevos frutos también.

¡Comentarios bienvenidos! ¿Qué enseñanzas te han dado tus plantas, animales, bosques, casas?

Autor: yenas

Diseñadora, viajera, aventurera, que goza de la vida y se sorprende con ella a cada momento.

7 pensamientos en “Paciencia parte 2: Las flores y el jardín

  1. Yenita querida, wow, uno de los mejores post que te he leido, me parece super interesante esta analogía que haces con una cosa tan maravillosa como son las plantas y las flores, nunca se me hubiera imaginado, pienso que así como uno cuida sus plantas, cuida sus vida, yo por ahora no tengo plantas, pero sí tengo un un gran recuerdo de un arbol que mis papas sembraron cuando cumplí un año, es una Araucaria, hoy la Araucaria mide más de 7 metros, es el arbol ás grande, dentro de una casa, en la calle de mis papas, y creo que ese arbol ha marcado gran aprte de mi vida, aunque hasta hoy que te leo lo empiezo a realcionar. Meditaré mi relación con él y te cuento. De mientras te dejo un beso enorme y todo mi cariño… y unas carcajadas, así grandotas como te gustan

    Beto

    • Mi querido Betito, como siempre gracias por tomarte el tiempo de leerme. Tantas ideas me hierven en la cabeza, ahora que tengo más tiempo de introspección, jajaja…
      Sería padrísimo leer acerca de tu árbol y tú, seguramente has pasado muchos buenos momentos y aprendizajes con él.
      Sabes que he aprendido que en México… los árboles gritan tanto y todo el tiempo que ya no los oímos. ¡Tenemos una gran abundancia de verde por todos lados todo el tiempo! Y entonces no nos tomamos el tiempo de observarlos y entender sus lecciones.
      Aquí, las estaciones son tan marcadas que todos están a la expectativa de sus árboles y jardines. Ellos se mueren/duermen/callan por una temporada entera. Entonces imagínate la alegría de los primeros brotes de primavera, las primeras flores… los verdes maduros del verano, la exhuberancia… ya te diré cómo vivo el otoño. Lo cierto es que este paisaje no es el mismo cada día.
      Espero con ansias tu experiencia, te mando abrazos enormes y… también unas cuantas carcajadas.

  2. Yeni!! perdón por leer tu blog hasta ahorita. Wow siempre me sorprendes con tu manera de ver el mundo, mil gracias por compartir tu aprendizaje y q padre que estas conociendote y conciendo el mundo de una manera tan linda.
    Y si me acuerdo d las plantas q compraste en la condechi… no más no querian.. pero más bien como pones aqui necesitaban mucho más apapacho, q importante es no subestimar a nadie ni a nada, cada quien tiene un proceso diferente y una manera de comunicarse.
    T mando mil abrazos super apretados y cariñosos mi Yeni!!! y pues seguiré pendiente de tu blog😀
    TQMMM

    • ¡Gracias Lau! Sí, mencionas algo importantísimo, el Proceso, el momento en que cada persona se siente lista para tomar nuevos retos en la vida. A veces, cuando crees que lo tienes, nomás le sufres mucho y no se produce nada. No era el momento. Otras veces, sin esperarlo, te llega un paquetote, y solamente es estar ahí y las cosas van sucediendo. Creo que en la vida todos tenemos momentos así, y lo mejor es no forzar lo que no toca, y disfrutar lo que sí toca. ¡Ya vendrán otros momentos perfectos!
      Te mando un abrazo enorme y como siempre, gracias por pasar a dejar un recadito. De ti y de nuestras experiencias juntas también aprendí un chorro…
      Ahí cuéntame también qué lecciones has recogido también, me imagino que Picasso debe ser un gran maestro en esto de los procesos naturales, ¿no?

  3. Pingback: Paciencia parte 1: Las flores | El blog de Yenas

  4. Me encantó como relacionas las plantitas con ésta vida tan tan difícil. 😿
    Me llegó al corazón.
    Gracias!

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