El blog de Yenas

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Paciencia 3: La espera y su enseñanza.

3 comentarios

Bueno, ya tenía dos partes del tag “Paciencia” y qué creen… ¡pues que ninguno terminaba de hablar de ella!

Y es que la Paciencia fue la base para realizar el ejercicio fotográfico, la observación y al final toda la redacción de lo que significó extraer las lecciones.

¿Pero qué es la Paciencia? ¿Será una palabra o un valor en peligro de extinción en nuestra era del fast-food, la velocidad del sonido y la tecnología de punta?

Nuevamente me remito al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española para citar lo que define a la Paciencia, marcando con negritas los significados que me interesan usar como puntos de ancla.

paciencia.

(Del lat. patientĭa).

1. f. Capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse.

2. f. Capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas.

3. f. Facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho.

4. f. Lentitud para hacer algo.

5. f. Resalte inferior del asiento de una silla de coro, de modo que, levantado aquel, pueda servir de apoyo a quien está de pie.

6. f. Bollo redondo y muy pequeño hecho con harina, huevo, almendra y azúcar y cocido en el horno.

7. f. Tolerancia o consentimiento en mengua del honor.

Hélo ahí. Directo del diccionario. Siempre es de ayuda ver lo que otros dicen que es una cosa y de ahí comenzar a desmenuzarla y generar reflexión.

Pues bien, de los términos resaltados, si tratamos de encontrar un común denominador, yo encuentro que leerlos nos produce una sensación de… hastío, lentitud, trabajo y espera. Todas estas palabras pueden contenerse también en el concepto de tiempo. Y uno largo, bastante largo para poder haber inventado tal abstracción en la mente humana.

¿Te ha pasado que a veces, cuando estás navegando en internet y de repente tu computadora se pone lenta para abrir una página, te desesperas muchísimo? ¿Cuánto tiempo puede ser lenta una computadora? En este lenguaje, lento es… más de… unos 30 segundos. ¡30 segundos! Yo me acuerdo cuando aprendí a usar una computadora en la primaria, y nos enseñaban programación GWBASIC, uff… en un monitor monocromático horrible, sin interfaz de ventanitas como ahora, sino con un sistema operativo… MS DOS o algo así, podría pasar una clase entera de 4 horas tratando de generar un gráfico de silueta en una pantalla. Solo para que al escribir el comando RUN saliera chueco o algo así… ¡Frustración!

Entonces, cuando me encuentro gritándole a mi internet primermundista por qué se tardó más de tres segundos en conectarme en red y abrir el Facebook, me recuerdo peléandome con ese cacharro. Y luego me pregunto cosas como… ¿Pero cómo le hacía la gente de antes sin revisar el e-mail todos los días? ¿Cómo hacía la gente de generaciones atrás para que alguien se quedara quieto mientras le hacían un retrato? ¿Cuánto tiempo se tardaban las personas en trasladarse de un punto A (digamos Pachuca) a un punto B (digamos México D.F.) cuando no había supercarreteras, autos y ni siquiera trenes? A veces soy incluso mucho más extrema… ¿Cómo hizo la gente en los tiempos antiguos para estar comunicados en ciudades tan lejanas como México y Chichen Itzá, por ejemplo? Las dos eran contemporáneas e importantes en su época y mantenían contacto y comercio… ¿Cómo hacían las chicas cuando el novio se iba a la guerra, para esperar una carta de su amado? Son cosas que de repente me parecen en verdad increíbles. Especialmente cuando incluso la esperanza de vida era mucho menor, en la Edad Media si un hombre llegaba a los 50 años, era considerado viejo.

Me parece que mucho tiene que ver realmente la percepción del tiempo contra lo que se espera, por ejemplo, si hablamos del aleteo de un colibrí, que oscila entre 36 y 90 aleteos por segundo… ¡Eso es muy rápido! Pero en ese lenguaje el de 36 aleteos es un bobo, tal vez. Las computadoras con procesador 386 (como la que yo usaba en la primaria) era una maravilla tecnológica comparada con la primera computadora de bulbos. Y nuevamente hoy, nos parece la cosa más obsoleta y lenta del mundo. Pero hablemos de algo atemporal, que no tiene que ver con tecnología; hablemos del tiempo que pasa cuando uno espera con ansias la carta del amado (visualicen la Segunda Guerra Mundial)… ¡Seis meses! Pero si esos seis meses estuvieras viajando con tu amado, la percepción del tiempo sería completamente distinta.

Entonces, usando un poco este argumento, veamos que la raza humana ha estado en la Tierra los últimos…como 10,000 años. En que pasó de ser un Homo Erectus a un Homo Sapiens. En que comenzó a descubrir y transformar conscientemente el medio que le rodeaba. De ahí a las primeras civilizaciones de las que se tiene noticia, en la antigua Mesopotamia, hay un hueco de unos… 6,000 años, más o menos. Egipto y China se mencionan por ahí del 3,000 a.C. Grecia en tremendas guerras por ahí del 200 a.C. en el que se dice que es el año 0, el nacimiento de Cristo y el crecimiento del Imperio Romano. En el 300 el Imperio Bizantino. Por ahí de los años 1,100 d.C. las Cruzadas que darían paso a la Edad Media; y en América las culturas prehispánicas en su apogeo. En 1492 el descubrimiento de América y en 1519 la conquista de México. Por los 1600 la unión del reino sueco. Por ahí de 1700 la Ilustración… Y de ahí un montón de acontecimientos a nivel mundial que nos hacen pensar… ¿Qué habrá pasado en los 4,000 años perdidos entre el Homo Sapiens y Mesopotamia? ¿Qué hacía el hombre en todo ese tiempo? Porque lo más sorprendente es pensar que en 10,000 años de historia humana, el hombre ha hecho más desmadre, por llamarlo de alguna manera, en un lapso de 400 años; y no se digan los cambios que han habido en los últimos 100 años de historia… Podría decirse que hemos cambiado la faz de la Tierra y las consecuencias de nuestra vida en ella de manera determinante.

Yo pienso que en esos 4,000 años de pre-civilización, la humanidad pasó por un tremendo periodo en el que la palabra clave era paciencia. Todo era prueba y error, y tenían toda una eternidad (de 4,000 años) para sobrevivir a la Tierra. En esta época los hombres primitivos se envenenaron comiendo las bayas que hoy sabemos que son venenosas. Alguno murió de un ataque de abejas al sacudir un panal y entonces todos supieron que eso debía evitarse. Se les ocurrió hervir agua y luego echar huevos y ver qué pasaba. Se pusieron a contar los días desde el día más largo del año (después de notarlo por un gran periodo de tiempo) hasta que llegara de nuevo. Se pusieron a ver cuántas noches para que la Luna volviera a estar llena. Observaron el ciclo menstrual en las mujeres y entendieron que ninguna iba a morir de sangrar cuatro días al mes. Se cayeron, de fracturaron, se enfermaron de diarrea, de gripa, se levantaron unos, otros se murieron. Inventaron martillos y pintura. Descubrieron que el barro húmedo se hace duro con el fuego. Golpearon troncos huecos y crearon un tambor. Aprendieron a escuchar sus voces, a nombrar el agua, el fuego, la mujer, el hombre, la vida, la muerte. Observaron el maíz y vieron que no bastaba con hervirlo, sino que había que poner cal, para inventar las tortillas. Construyeron memorias ancestrales…

Y a veces nosotros nos desesperamos y hacemos berrinche porque la pizza que pedimos no llega en media hora como promete el restaurante… ¡qué banal!

Ellos en 4,000 años aprendieron tantas lecciones que hoy, a pesar de tanta tecnología, pensar en ellos y re-descubrirlos es sorprendente y nos deja un sabor de sabiduría…

Paciencia significa que existen procesos en los cuales estamos inmersos, que muchas de las veces no terminamos de comprender su significado y tal vez nunca lo haremos… Sólo si tenemos la disposición de mirar para atrás y ver qué nos ha dejado tomar tal o cual decisión. Algunos de estos procesos son totalmente conscientes (como elegir una carrera) y otros voluntariamente inconscientes (como envejecer), algunos de ellos perfectamente constantes (como un ciclo escolar), otros locamente fortuitos (como el conocer al amor de tu vida). De los procesos conscientes se deriva el hecho de que la paciencia sea considerada, de hecho, una virtud, como lo dicen los puntos 1 y 3 de la definición del DRAE.

¿Cómo entrenar a la paciencia? ¿Tiene que ser necesariamente dolorosa, para que después “sepa rico” el lograr lo esperado? ¿En qué estriba la diferencia del que sufre una espera y el que la goza?

Dice el Dalai Lama que “Si queremos lograr desarrollo espiritual, la práctica de la paciencia es esencial”. En este sentido, justamente es lo contrario a lo que nuestra vida actual nos demanda, rapidez, resultados, acción inmediata, irracionalidad. La paciencia que nos hace apaciguar la cabeza, abrir los ojos y los oídos, cerrar un rato la boca y serenar el corazón con una espera gozosa. ¿Y qué se espera? Bueno, lo increíble es que todos esperamos siempre algo, pero cuando abrimos el alma y sólo nos ponemos receptivos, ese algo llegará a su tiempo, no sin antes haber enviado un cúmulo de lecciones y regalos que nos harán recibir mucho mejor lo esperado.  Y entonces el tiempo de espera ya no se siente tan tedioso.

Estos días que me encuentro buscando oportunidades de trabajo en este país, se me ha concedido un tiempo de Homo Sapiens prehistórico… Días largos para entender procesos, escuchar el corazón, retar a la razón y conciliar la verdad. Al redactar y actualizar nuevamente mis currículums para enviar a las vacantes, tengo chance de mirar lo que he hecho, a dónde me han llevado mis decisiones del pasado, quién soy yo como persona ahora. Hay muchas cosas que pienso que pude haber hecho mejor, indudablemente; pero al final acepto todo sin juzgarme por ello, cada cosa ha pasado como tenía que pasar. El poner la propia persona en esa perspectiva me parece sumamente enriquecedor… En general la verdad sí me sorprendo con mi propio currículum y pienso… ¡Guaaauuu! ¿En verdad he hecho todo esto? Luego, lo difícil es resumirlo en dos hojas o menos.

Lo importante del ejercicio es que me está permitiendo prepararme para estrenar una página más de la libreta, saber exactamente qué quiero seguir escribiendo y qué quiero mantener sólo como aprendizaje. ¿Qué vendrá para mí? No lo sé todavía, pero algo que estoy segura es que vendrá algo buenísimo porque afortunadamente puedo ver que he sembrado cosas muy buenas, que me hacen sentir bien con la persona que soy y que sigo en camino a la persona que quiero ser cuando sea vieja. Todavía queda un largo camino, muchas decisiones por delante, muchas noches y días de espera, muchas lecciones por encontrar… Pero en lo que llegan, a seguir observando lo que hay que aprender del mundo en los pequeños procesos invisibles que se revelan a los ojos del paciente.

Acá dejo unos buenos refranes de abuela respecto a la sabiduría de la espera y la paciencia:

“Las prisas no son buenas consejeras”

“Date prisa, pero no corras”

“Un solo golpe no derriba al roble”

“Roma no se construyó en un día”

“Camino largo, pasos cortos”

“El mejor fuego no es el que se enciende rápidamente”

¡Compárteme tus frases y anécdotas de espera y paciencia!

Autor: yenas

Diseñadora, viajera, aventurera, que goza de la vida y se sorprende con ella a cada momento.

3 pensamientos en “Paciencia 3: La espera y su enseñanza.

  1. yo lo super se, pero si piensas, no tenemos las mismas urgencias que antes… ¿no leiste momo? el ir a mex era aja como un mega trip, y ahora es como mega necesario por los servicios que tienen. yo si, la neta opino que el ritmo de vida deberia ser mas lento, pero si es así, todo deberia ser, por que no puedo haceerlo yo sola sin que lo demas pase a mi lado rapidimo. no se si me explico pero yo si le voy al slow life motion

    • Claro, es como cuando tomas el metro y no llevas prisa y de repente de la nada, vas corriendo junto con todos los demás. Creo que toma mucha autodeterminación llevar el ritmo necesario, no el que todos quieren. Y de ahí lo importante es dar el paso a observar las cosas que todos ignoran.

  2. Pingback: Paciencia parte 2: Las flores y el jardín | El blog de Yenas

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