El blog de Yenas

Curioseando y compartiendo

Paz

6 comentarios

Una palabra tan pequeñita y tan difícil de conseguir. Sin embargo, por momentos parece que la atrapamos, en un suspiro, en un momento, en un pequeño episodio en que disfrutamos lo que se tiene sin mirar atrás ni esperar nada hacia delante. Y luego… se fue.

¿Qué hace que la paz sea tan anhelada y tan poco encontrada?

Hoy mientras ponía el árbol de navidad con mis papás sentí ese pequeño momento de iluminación y mucha paz por dentro. No es el símbolo porque realmente no soy muy religiosa, si no más bien la simplicidad de vivir un momento sin cuestionarlo, disfrutando de la compañía de dos de mis personas más amadas en el mundo, sin platicar tanto, sólo escuchando el canturreo de mi mamá mientras encontraba cosas en sus cajas; y sólo haciendo la simple tarea de acomodar las ramitas del árbol con mi papá, que me iba pasando pieza por pieza…

Es la sensación de que estás ahí y no puedes estar en otro lugar mejor. Entonces solamente sentí que la paz estaba dentro de mí y no podía ser de otra manera. Por un momento me olvidé del exterior, de las malas noticias, la política, las preocupaciones económicas, del mundo… Sólo estaba yo en un momento completamente tranquilo y pasajero. Pero creo que este momento fue el resultado de un proceso…

Yo no soy ninguna sabia, pero creo que la paz es perfectamente una decisión personal que se toma todos los días y en cada momento. Puedo decir con certeza que hace un año yo decía este argumento pero a partir de que me fui a vivir a otro lado diferente y me dediqué a pasarla mal por necia, a fastidiarme la vida quejándome y criticando todo, hasta que perdí todo; fue que entendí lo importante que es mantenerse clara como el agua, estable y en paz. Durante el año creo que rectifiqué muchas de mis actitudes y opiniones hacia mí misma y el entorno que me rodea, y aunque a veces la razón nos pone trampas o el corazón se pone loquito o el hígado nos revienta… siempre hay un momento en el que puedes decidir respirar y dejar ir aquello que te está apretando en algún lado.

En ese respirar, la importancia que tiene el desapego es vital, me decía mi amigo Rei, “Deja que el río te lleve a donde tengas que llegar” y yo masticaba esa frase mil veces porque no entendía cómo uno solo puede ser pasivo y dejar que las cosas lleguen. Sin embargo, hoy entendí que no se trata de ser pasivo como lo entendí en ese momento (sólo esperar a que pase algo), sino a ser receptivo hacia el momento que toca vivir.

Sólo abrir los sentidos a lo que pasa en ese momento y registrarlo y saborearlo simultáneamente. ¡Cuántas veces me he perdido de momentos hermosos, por pensar en lo que tengo que hacer, en qué estará haciendo fulanito, qué pensará de mí zutanito, en los errores que cometí en el pasado o simplemente cuestionando el momento mismo! ¡A cuántas personas herí tomando esas actitudes para nada pacíficas!

Y cuando tenemos tantas inquietudes dentro, ¡qué fácil es contagiar a otros de la mala vibra! Basta quejarse de una cosa para que el otro te saque su propia lista de quejas, basta encontrar un defecto en alguien para que le veas los otros diez, basta hacer una crítica para generarse en sí mismo el miedo a ser criticado. Es una pena que en nuestra sociedad se comparta más información buena que mala, que las pláticas de café tengan que ver siempre con lo mal que está el mundo, o peor aún criticando lo que otros hacen mal cuando cada quien tiene su cola que le pisen.

El miedo, la arrogancia, la desconfianza, el rencor, la insatisfacción, son algunas de las cosas que nos roban la paz. Lo encuentro como alguien que necesita llevar un costal de un lado a otro y le echa piedras que no necesita llevar… ¡déjalas en el camino! ¿Para qué las quieres? ¿Para lamentarte de todo lo que tú/otros no han hecho bien?

La paz es una decisión personal. Uno decide estar en paz con uno mismo e iniciarla de adentro hacia afuera, hacia lo social. Cuando uno se puede aceptar tal y como es, mirar la vida tal y como es, dejarse de dramas innecesarios pero tampoco dejar que otros pasen por encima, lograr equilibrios esenciales entre el espíritu, la materia y los demás, entre los anhelos y las posibilidades, entre las carencias y lo habido… ahí en medio hay un umbral de paz. Y aunque suena rebuscado y difícil creo que todos podemos practicarla poco a poco, siendo concientes de aquellos momentos durante el día en que por instantes nuestro corazón y nuestro cerebro deciden concordar.

No entiendo cómo a veces, optando por la paz, hay personas que optan por la guerra. Por responder reactivamente a un comentario. Por criticar hasta más no poder. Por quejarse y quejarse de todo, repartiendo culpas y victimizándose sin tomar responsabilidad. Por romper las reglas del juego, por buscarle la cara de idiota a alguien, por provocar, por dejar que algún viejo rencor le invada de nuevo. Por vengarse y centrar su energía en hacer que alguien pase un mal rato. Por caer en excesos y luego sufrir la cruda física o moral. Me declaro culpable: yo también lo he hecho.

Solo que con el paso del tiempo he entendido lo inútil y desgastante que es centrarse en todas esas emociones que nos dejan sin paz personal y entonces para todo el mundo proyectamos agresividad, descontento, desconfianza, enojo, contradicción y tristeza. Y esto genera un impacto, mucho muy negativo. Pienso en las mamás que proyectan sus miedos y enojos hacia sus hijos pequeños, que crecen con toda clase de inseguridades.

¿Por qué no crear el efecto contrario? ¿Por qué no encontrar lo bueno en cada persona, en cada situación? ¿Por qué no afianzar cada quien nuestras raíces para no ser víctima de la mala vibra de alguien más? Para que, a cada momento que haya que reaccionar de alguna manera, decidamos concientemente por la paz.

Aquí algunas cosas que personalmente me han funcionado para estar en paz:

–       En mi grupo de meditación “Alas púrpuras” (búscalo en FB), hicimos un club de no queja, no crítica, no chisme. Cuidar lo que hablamos cambia radicalmente la forma de pensar. Lo difícil es mantenerse alerta y ganarle a la lengua que a veces se suelta demasiado.

–       Hacerle caso al cuerpo, cuando hay que comer come, cuando hay que dormir, ir al baño, hacer ejercicio, hazlo; el cuerpo es muy sabio y nos manda señales de cuándo hay que socializar, cuando hay que guardarse, cuando hay que mimarse. Cuando no le hacemos caso no sólo no estamos en paz, sino que probablemente nos enfermaremos. Muchos de los excesos que se cometen en juventud tienen a los viejitos en estados muy poco pacíficos.

–       Cultivar la asertividad es indispensable: Decir lo que tienes que decir, cuando lo tienes que decir, a quien se lo tienes que decir. Distingue cuándo debes una disculpa y cuándo te la deben. Y cuando ése sea el caso, perdona antes de que llegue.

–       Respeta el proceso de los otros. A veces quienes están a tu alrededor tienen sus propias maneras de resolver sus problemas. Si te piden ayuda, escucha; si no, no te entrometas. A veces creamos un caos cuando insistimos que alguien esté en nuestro canal cuando tiene sus propios asuntos qué resolver. Así que no tomes nada personal y deja que cada quien supere sus propios retos.

–       La ley de Oro: trata como quieres que te traten, ni más ni menos; a todos.

–       Observa y sé conciente de que cada momento es único e irrepetible, guarda fotos mentales o videos mentales de texturas, colores, aromas, sabores y sensaciones que agrupan un momento, ninguno es igual a otro. “This day will never come again”

–       Perdona, siempre.

–       Nunca le des a nadie al poder de sacarte de tus casillas. El enojo es una de las maneras más formidables de envejecer prematuramente y de perder energía en inutilidades, pero especialmente es la mejor manera de cederle a alguien el control sobre tu estado de ánimo.

–       Y por último, contagia tu buena vibra a todo el que contacte contigo, sin distinción de ningún tipo. Todos necesitamos de alguien que nos sonría, nos toque, nos abrace, nos escuche. Si queremos paz en el mundo, no discriminemos nunca a quien tratamos bien. ¡Sé universal con tu contagio de paz!

Aquí mis reflexiones sobre la paz. Y aunque están muy enfocadas a la paz interior o personal, me parece que al practicarla y entenderla va generando reacciones en cadena… Y como todo nuevo hábito, toma su tiempo. Yo sigo afianzando el mío.

Agradezco como siempre sus comentarios y reflexiones.

¡La paz para todos!

Autor: yenas

Diseñadora, viajera, aventurera, que goza de la vida y se sorprende con ella a cada momento.

6 pensamientos en “Paz

  1. Querida amiga, es muy hermoso el post gracias por compartirlo; me he tomado la libertad de de compartirlo con mis contactos y en las redes sociales y blog’s en los que participo

    Totalmente de acuerdo contigo, todo empieza con la paz interior; si no estamos en paz con nosotros mismos, si no encontramos nuestra paz interior, es muy dificil buscar la paz en nuestro entorno; que Dios te bendiga siempre y te conceda Paz, Amor y mucha salud al igual que a todos tus seres queridos, un abrazo con mucho cariño y admiración,
    Jesús Torres Navarro

    • Hola Jesús, gracias como siempre por tu comentario y difusión.
      Y sí, tu y yo que estamos metidos en varios proyectos sociales, es bueno poner a nuestros compañeros a reflexionar por qué hacemos las cosas, qué motivaciones y consecuencias nos llevan a actuar de tal o cual manera; ya luego platicaré de cómo entiendo que esta paz se va acoplando y multiplicando socialmente… es el brinco que necesitamos impulsar para vivir cada día mejor en la colectividad.
      Te mandi un abrazo y te deseo igualmente infinitas bendiciones.
      Yenas

  2. Yeni!!! me encantan tus reflexiones, ah, ya ves, esto de vivir lejos de la familia nos trae tanto: confirmamos que “el cambio siempre es bueno”, aunque a veces nos cueste la adaptacion, y nos saque de nuestro ‘comfort zone’ siempre trae lecciones. No puedo creer q mi hermanita pequena escriba cosas tan lindas!!!! ora a contagiar esa paz y felicidad (bueno, tu siempre lo has hecho) y a disfrutar Mexico, mis papas, sobrinos, hermanas, primas y amigos!!!! te quiero Cheni 😉

    • Quedarnos en la zona de comodidad es precisamente estancarnos. Y claro, que los cambios traen toda clase de desajustes personales, pero cuando podemos vivir con ellos y flexibilizarnos ante las circunstancias de la vida, poco a poco vamos nuevamente tomando control de lo interno que es esencial e infinito, nuestra propia paz. Hoy sí, efectivamente me siento bien aquí en donde estoy y con quienes estoy, mañana… no sé dónde estaré pero estoy lista para sentirme igual o mejor. Te mando abrazos hermana, esperando el día en que te los daré de verdad…

  3. Cada vez que leo tus palabras estoy exactamente en el momento correcto para leerlas. En este caso me afianzo mucho de lo que estaba pensando y te doy las gracias por compartir tus pensamientos, este ha sido uno de los mas hermosos que he leído, me da gusto leerte tan tranquila y feliz.
    Te quiero amiga… Feliz Navidad y que el próximo año traiga mil nuevas experiencias inolvidables!!! (seguimos en contacto)

    • ¿Y dónde está Saluditos? jajaja…
      Gracias bonita, y qué bueno que estemos tan conectadas que lo que lee una le sirve a la otra. Te deseo también mil bendiciones y que sigamos aprendiendo en el camino que nos tiene la vida, lleno de errores, pero de los buenos, de los que te hacen sacudir el espíritu del cochambre del conformismo.
      Te mando abrazos y espero verte pronto de nuevo🙂

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