El blog de Yenas

Curioseando y compartiendo

El momento equivocado y el momento perfecto

13 comentarios

Había traído consigo, durante unos seis días, un anillo en la mochila. Pensando en que en este viaje, tal vez, podría producir una buena ocasión para entregarlo. Pero viajar en Turquía, siendo europeo del norte, no es cosa fácil. Los vendedores abruman, persiguen, insisten; inflan los precios, creen que ser rubio, en extremo blanco y de ojo azul implica una cartera desbordada de euros. Así que optó por seguir buscando la ocasión propicia, lejos del barullo de los restaurantes del centro del pueblo. 

Algo que por supuesto yo no entendía, era por qué tenía que cargar yo mi bolsa de mano y guardar todo tipo de cosas en ella si él cargaba con una mochila de hombros casi vacía. Un par de zapatos, una camiseta, y ya. Y a mí me daba a guardar la cartera, los protectores solares, los pasaportes cuando eran necesarios, la cámara, el teléfono… Y cada que yo sugería que por qué no usábamos una sola mochila, él decía que no. 

En fin, después de algunos días de estar en Fethiye, un pueblito pequeño y costero pero sin una playa para tirarnos de panza, fuimos a Ölüzdeniz, una pequeña bahía a unos veinte minutos, rodeada de riscos dramáticos. Habíamos ido ahí un día anterior a hacer paragliding, esta cosa maravillosa de correr hacia un acantilado con un deslizador abierto, y flotar a unos 2000 metros de altura por unos cuantos 45 minutos, solamente observando el maravilloso atardecer mediterráneo. La ocasión había sido muy buena para la aventura individual, pero no para lo que él tenía pensado. Así que ese día, propuso que compráramos algo de fruta fresca, una botella de vino, algo de pan y queso; para sentarnos en la playa a hacer picnic, “y qué glamoroso”, pensé yo, pero la idea era tan buena que eso mismo hicimos. 

Pero en la playa pasaron dos cosas inesperadas: Que desde la altura no vimos que la playa estaba llena de rocas, redondas y blancas; al poner las toallas para sentarnos no sólo era incómodo sino que extremadamente caliente y la botella casi no se quedaba de pie. Para nadar, era de hecho un poco tortuoso llegar a la orilla y sentir que las piedras se incrustaban en las plantas de los pies y entre los dedos. Así que con cierta incomodidad nos devoramos un cuarto de kilo de cerezas frescas, dos duraznos del tamaño de pelotas de beisbol y unos pancakes rellenos de papa, queso feta y perejil, acompañanos de grandes tragos de vino tinto… directo de la botella con el corcho flotando, porque olvidamos un sacacorcho y unos vasos. 

La segunda cosa que pasó, es que en algún punto comenzamos a hablar de Julian Assange. Tenemos puntos de vista muy muy distintos al tema, que no abordaré en este punto porque no es la intención… Sin embargo lo que Assange provocó en el momento es que, con un poco extra de vino en la sangre y opiniones francamente opuestas sobre el tema, se nos acabara el vino, la comida y la paciencia de estar bajo el sol y sobre esas piedras calientes. Y un poco el tedio que se tiene cuando al discutir un tema polémico, no se llega a ninguna parte. Lo que yo no sabía, por supuesto, es que justamente había fulminado el intento del momento perfecto para dar un anillo de compromiso. ¿Cómo se supone que yo iba a saber eso? 

Tomamos aire y decidimos buscar sombra. Y cerveza. Y un baño. Refrescarnos de esa playa que nos estaba dando dolor de cabeza. Resultó bien, yo me sentía un poco más fresca y lista para volver a nuestro pueblo. Pero él sugirió -en otro intento que yo desconocía- visitar la “Laguna azul”. Una laguna pegada a la bahía, de las más fotografiadas de Turquía. rodeada de dramáticas montañas, a unos pasos de la zona restaurantera en la que estábamos. Eran casi las seis de la tarde. Vamos pues, que no podemos irnos de aquí sin haber nadado un rato como lo teníamos planeado. Pagamos la entrada de un día entero por solo dos horas de estancia, porque es un parque nacional. Pero al estar ahí vimos que valía la pena. Dejar las cosas tiradas a la orilla y solo zambullirse en el agua tibia, nadar hasta las plataformas que estaban al centro de la laguna y tirarnos al agua de nuevo. 

En una de esas, solamente apuntó a una roca, al otro lado de la laguna. A una orilla en la que no sólo no había nadie, sino que ni siquiera parecía que pudiéramos sentarnos o hacer nada. Yo lo miré un poquito incrédulo, nadar 500 metros como para no tener ni siquiera dónde ponerse de pie. Él me insistió, diciéndome que había mucha gente del otro lado. Eso era cierto. Vamos pues, ya estaba de mejor humor, con la cabeza y el cuerpo más fresco y ligero. Llegamos a la roca y efectivamente, la superficie no era la más amable, hasta era mejor volver a esa otra playa con miles de piedras. Con todo, comenzamos a trepar la roca y nos encontramos sentados sobre la parte más alta, que no era ni siquiera tan alta, pero que yo sentí que había trepado la Quebrada. 

Sentados ahí, la verdad es que la vista del lugar era maravillosa. Montaña delante, detrás y agua en nuestros pies. Gente lejos. Sonidos solo de la brisa y los árboles. Había sido una buena idea ir allí después de todo. Cuando su mano tomó la mía, estaba temblando, pero no de frío, vibraba con una emoción especial. Mi Anders no es la persona más expresiva, por eso cuando demuestra sus emociones es cuando más le aprecias, porque sabes que está abriendo el corazón y brillando en sus emociones. Me señaló lo bellas que estaban las montañas, lo bien que habíamos pasado este tiempo en el viaje, y este tiempo, juntos. Mi corazón empezó a latir más acelerado… ¿Qué me estaba diciendo? Siguió diciendo más cosas, me perdí de sus palabras un poco, pero me concentré en sus ojos especialmente brillantes y con un par de lágrimas a punto de escaparse. Sus labios que sonreían y temblaban un poco. Una de sus manos que apretaba cada vez más fuerte la mía. “¿Te casarías conmigo?” Y al tiempo con la otra mano, desamarraba de la jareta de su traje de baño, un anillo luminoso como la luna. 

Me quedé sin palabras, y lo miré a él, y miré el agua, y miré el anillo, y grité “¡Sí! ¿Pero cómo nadaste con un anillo amarrado al traje de baño?” :O Jajaja… no lo podía creer… todo eso era demasiado hermoso. Y la ocasión perfecta se dio cuando menos lo planeó. Quería abrazarlo, besarlo, decirle sí mil veces más. Pero justo cuando superaba la incomodidad de la roca con sus aristas un poco duras, dos guardias en un bote, con un altavoz, nos piden que volvamos al otro lado porque van a cerrar el parque. Eran las 8 de la noche, y la tarde, el clima, el escenario, eran perfectos. El momento había cumplido su propósito. 

Al llegar al otro lado de la orilla, apuntó nuevamente a la roca. “La escogí porque parece un corazón”.

Image

Aquí es donde empieza otra nueva aventura, de la que no conocemos todavía el final, pero que ya estamos comenzando a caminar juntos. 

Autor: yenas

Diseñadora, viajera, aventurera, que goza de la vida y se sorprende con ella a cada momento.

13 pensamientos en “El momento equivocado y el momento perfecto

  1. Hermoso relato!!! Te abrazo con todo mi corazón y deseo lo mejor para los dos hoy y todos los días venideros. Gracias por compartirlo.

    • ¡Gracias querida Rossy! Lo mejor de todo es que nos sentimos los dos en el momento adecuado para decidirlo. Así que con muchos ánimos y energías preparando lo que es y lo que viene. ¡Te mando un abrazo y como siempre, gracias por leer!

  2. Jjejejje… No se por qué chingaos me supuse desde el primer párrafo de lo que trataría todo esto… Yenas, ¡¡hasta casi casi lo leí con una pinche lagrimita traicionera!!

    ¡¡A toda madre!!

  3. Mi Yenas! Me doy cuenta que cuando uno esta enamorado, ¡el amor lo logra todo!. Gran momento para recibir la promesa de compromiso de matrimonio. Me siento emocionado y muuuuuy feliz por ti, estoy seguro que la felicidad permanecera siempre en ustedes por la hermosa pareja que hacen🙂

    • Ayyy Isaacsito, pues sí, la verdad que no solo fue una excelente sorpresa sino que nos tiene emocionados e imaginando muchas cosas por venir. Les agradezco que estén al pendiente y pronto compartiremos más info!!🙂

  4. Estas enamorada!!!… Estas viva… Disfruta cada dia y cada momento a su lado, el sabe lo especial q eres her x eso trato de encontrar el mejor momento. Les mando abrazos y bendiciones. Te amo ger se feliz!!!

  5. Hola Yenas, descubri tu blog por una amiga mexicana viviendo en Gotemburgo, lo he leido por 10 minutos y ya soy tu fan. Felicidades por tu compromiso y me gusta mucho como escribes, eres una inspiracions🙂 yo soy mexicana tambien y vivo en Dinamarca. Estoy en la busqueda de mi camino y mi futuro en escandinavia.🙂 Te dejo este link q igual y te puede servir cuando andes buscando recetas hahaha🙂 http://pinterest.com/amezcuaana/yummie/

    • ¡Hola Ana! Bienvenida, qué bueno que te gusta el contenido y qué honor tenerte como seguidora, jejej… Pues estamos en contacto, en una de esas nos visitamos que no estamos tan lejos. Cuídate mucho y buena suerte en estos lares, se batalla muuuuucho, pero al final todos son retos para seguir creciendo como persona, ¿o no? Te mando un cálido abrazo mexicano. Estoy igual en FB por si quieres que nos escribamos. ¡Saludos!

    • Oye Ana, ya eché ojo de tu tablero de Pinterest… ufff qué hambre me dio justo antes de irme a dormir, jajaja!! Gracias, ya te sigo. ¡Estamos en contacto!

  6. Qué bonita historia, y qué bien lo relatas! Y bueno, yo que no te conozco, actualízame un poco sobre si ya se casaron😉. Y cuando vengas a Estocolmo, me avisas y con mucho gusto te ofrezco mi casa para quedarte, y para que me cuentes más de tus aventuras😀.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s