El blog de Yenas

Curioseando y compartiendo


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Día 10: Hermanas 

Apenas una semana al año estamos juntas, y sin embargo parece que no nos había faltado un solo día. Las cuatro recibimos un regalo especial de nuestros padres: las alas para volar. Y cada una hemos volado de formas distintas, sin embargo, entre nosotras somos el suelo, la tierra que tocamos y que llamamos hogar.

Mis hermanas y yo crecimos juntas en un hogar alborotado y energético, nuestros padres nos enseñaron el trabajo y la perseverancia para lograr lo que soñamos. Pero también los regalaron la alegría de crecer en un hogar al que siempre queremos volver. Nos enseñaron a compartir, y así reciclamos ropa, juguetes y libros, pero también experiencias, amigos, episodios de vida, inicios y términos.

Supongo que hay quien ha tratado de compararnos y ponernos en una escala. En un mundo competitivo es casi imposible no intentarlo. Pero con los años, he aprendido que mis hermanas y yo somos como especias de un lujoso platillo, todas somos diferentes y aportamos una cualidad, aroma y sabor. ¡Y es perfecto! Entender que de mis hermanas puedo aprender distintas cosas que ellas tienen en especial, que nos fortalecemos una a otra y que cuando podemos vernos en una ocasión que nos reúne, experimentamos esta mezcla de personalidades y virtudes que es única y que no encontraría en otro lugar.

De ellas admiro su inteligencia y su valor, su corazón noble y justo, su loca creatividad y estilo, su sonrisa hasta en los momentos grises, su risa contagiosa, su talento natural para visualizar y llevar a la realidad, su generosidad y empatía, y en especial las enormes ganas de vivir y de encontrar la felicidad. 😀

Inicié el año con una semana entera con mis hermanas, compartimos atardeceres y sueños, la risa y la comida, la bendición de tener a nuestros padres sanos e irradiando vitalidad, así como unos sobrinos que no paran de crecer en cuerpo y alma. No pude haber recibido un mejor regalo: verlos a todos sanos y felices poder compartir tiempo de calidad con mi familia.

Así que Universo, Diosa, ser supremo o serendipia: GRACIAS, por haber aterrizado en esta loca familia, y en especial, gracias por cada una de mis hermanas… ¡No puedo imaginarme una vida sin ellas!

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Día 12: Despedida 

Estoy en mi asiento del avión. Acabo de despedirme de casi toda mi familia que me trajo al aeropuerto donde voy de regreso a casa, en un vuelo largo y tedioso, después de unas vacaciones que se fueron como un suspiro. 

Me quedo pensando en mis papás, que hoy despiden de vuelta a dos de sus cuatro hijas. Y en mis dos hermanas que se quedan. Me quedo pensando como los aeropuertos son ese caldero de emociones en los que ves gente llorando de alegría o de tristeza. Me quedo sintiendo esa mezcla de añoranza que empieza a gestarse en mi corazón, cuando al abrazar a los que se quedan comienzo a preguntarme qué viene para el año, cuando nos veremos de nuevo, si nos veremos de nuevo. Comienzo a cuestionarme por qué tengo que hacer esto, por qué me voy, por qué vivo en otro país. A maquinar cómo hacer para venir otra vez, o para que ellos vayan a visitarme, cuándo y por cuánto tiempo.

Las despedidas son dulces y amargas a la vez. 

Cuando puedes ver a la gente que amas una vez al año, cada segundo cuenta. Es cuando puedes darte cuenta de la relatividad del tiempo, cuando un vuelo de 20 horas es larguísimo en comparación con los días que puedes ver, abrazar, besar, escuchar y reírte con la gente que eliges ver, con los más importantes de tu lista para cerrar el año. Con personas, dentro de la familia o de los amigos, con los que sabes que retomas la conversación en donde la dejaste un año atrás, como si no hubiera pasado el tiempo. La despedida marca ese momento en que seguiremos nuestro camino, pero acompañándonos, siguiendo nuestros pasos, sin mucho ruido, sin selfies todo el tiempo, pero con mensajes de amor y apoyo, con la conciencia de lo esencial que construye cada uno de nuestros días.

Que donde dejaste a una pareja ilusionada, encuentras a una nueva familia. Los que tenían dientes de leche ya estiraron su estatura y tienen sonrisas nuevas. Los que empezaron con una semilla a seguir su vocación, ahora son exitosos y luchan por mantenerse en pie y creciendo. Donde han habido separaciones y desacuerdos, la vida ha curado las heridas, ha seguido y dado más bendiciones de las esperadas. Y para mí es un privilegio poder ver estos momentos en la intensidad de la esencia, emocionarme con sus relatos, llorar con los videos, reírme con la anécdota. Jugar, abrazar y reír como si no fuera a haber un mañana. 

Gracias despedida. Aunque me dueles, me traes al aquí y al ahora con todo mi ser para las personas que más me importan en la vida. Me despojas de lo superfluo para enfocarme en lo estructural. Para apreciar la belleza del momento, aceptándolo así como viene, sin tiempo para juzgarlo y en cambio, con impresiones mentales que se quedarán conmigo siempre. 


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Día 05: Lentitud

En los días de invierno, parece que a veces, el color del cielo es quien marca el ritmo del día. Los fines de semana son especialmente rebeldes y perezosos, y aunque mi reloj interno intenta levantarme de la cama cuando todavía está oscuro, o mantenerme despierta hasta bien entrada la noche, a veces pongo la mirada en el cielo y me dice con sus nubes arremolinadas y sus rayos tímidos: hoy, tómalo con calma. 

No siempre ha sido fácil. De muchos lados, he aprendido que lo deseable es mantenerse ocupada, con prisa, produciendo, produciendo, produciendo, como una máquina. De cómo sentirse un poco importante cuando podemos responder a alguien (incluso, a sí misma): “no puedo, estoy ocupada”.  Y si bien, esto resulta fácil en un día soleado, donde la energía parece que se toma del aire y se respira, en los días más oscuros de invierno con clima caprichoso, a veces es más fácil rendirse al ritmo suave de un día largo.

Así, puedo quedarme en pijama hasta muy tarde. Puedo quedarme en cama y apenas estirar un brazo para alcanzar un libro. No importa si ya lo leí o es uno nuevo, puedo repasar las hojas y encontrar ese párrafo que, como un libro que se abre al azar, me regala unas líneas que necesitaba encontrar, pero no lo sabía. Puedo voltear el cuello y asomarme a la ventana que cada día me regala un paisaje nuevo, con colores y sonidos que se mueven todo el tiempo a pesar de la estructura más bien estática del paisaje. Como si alguien hubiera empezado un cuadro al que le corrige todo el tiempo la textura de las nubes, los reflejos el agua, un barco que llega, otro que se fue hace horas, y conjuntos de aves con formas sinuosas que se mueven con el viento. Puedo cerrar los ojos muy fuerte y ver destellos, bichitos, y reflejos de colores en mis párpados cerrados, en intentarlo muchas veces hasta que me creo que estoy descifrando un mensaje secreto.

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Así en un día lento. ❤

Puedo darme un baño y luego tirarme de nuevo en la cama a secarme con el aire, sintiendo la piel enfriarse y erizarse, el cabello gotear y rizarse de nuevo, y luego el cuerpo calentarse desde dentro con la sangre que no deja de correr. Miro al techo o garabateo un dibujo sin la prisa de vestirme. A veces, me meto de nuevo bajo la cobija a sentir las texturas con toda mi superficie.

Puedo subir luego a la cocina y oler todas las cajas de té, y elegir con cuidado la infusión que me voy a tomar. Y hacer una lista de todo lo que quiero hacer, pero que sé que no acabaré en un día. De alguna forma estos deseos prácticos se guardan en mi cabeza y eventualmente y sin saberlo, los tacharé de la lista, otro día. Revolveré en el desorden que no acabo de ordenar, encontraré viejas fotos y postales, estambres y agujas, papeles y cintas, plumas de todos los colores. Haré un poco de todo y al final, inventaré un desorden nuevo.

La lentitud me ha enseñado que puedo hacer todo esto y pensar. Que las ideas y soluciones a lo que estaba buscando están en dar los pasos sin prisa, y sin invocarlas, ellas llegarán a mi mente y a mi oído. Me recuerda que en todo, la vida es un proceso de caos y orden y de caos otra vez, y que no significa que las cosas no estén en su lugar. Sólo que me deja en el tiempo y el espacio para que yo encuentre cuál es mi lugar en el caos y hacia dónde me lleva el orden.

La mayoría de mis días son rápidos, precisos, ocupados. Pero me olvido un poco de mi y me vuelo un poco reloj. La lentitud me devuelve un poco de esa luz que se había ido, restaura mis pensamientos y me regocija con lo pequeño. Gracias lentitud, que me permites pasar la película un poco más lento y hacerme sentir que puedo operar un pequeño milagro: que un día me dure más de 24 horas.


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Por qué tus emociones pueden empeorar los cólicos menstruales

Una chica preguntó esto en un foro de menstruación, y me parece que necesitamos hablar de cólicos, porque es una cuestión frecuente entre mujeres.

Mi respuesta es bastante narrativa pero real. ¡Ojalá que compartan esto con más amigas, mamás, hijas, hermanas, primas… y sus hombres alrededor!

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Un uterito que tejí para una campaña por la salud de las mujeres en 2013.

Hace un par de años, tomé una formación de doula de parto y en ese taller vimos algo muy interesante. El cólico menstrual es el trabajo del útero que se contrae para expulsar. Es el mismo tipo de cólico que sentirías en las contracciones del parto (aunque no en intensidad, claro). Es normal que los cólicos duelan, pero no debería ser un dolor molesto, porque hasta cierto punto, como en un parto, son indicativo de que tu cuerpo está trabajando, es decir, es un dolor “bueno”(1), te está avisando cómo está tu cuerpo, te pide descanso, te pide seguridad, para que el útero haga lo suyo. ¡Parece que no, pero gastamos una energía enorme en menstruar!

¿Cómo se relaciona lo emocional? Ahí viene lo bueno. El útero, como otros órganos internos que realizan sus funciones de forma involuntaria (como el estómago y el corazón, por ejemplo) están conectados al sistema nervioso parasimpático, es la parte del sistema nervioso que controla todas estas funciones, que nosotros no controlamos conscientemente. Lo que pasa con este sistema es que reacciona a los estímulos nerviosos que recibimos del exterior. Cuando estamos estresadas o con miedo, este sistema “paralizará” o retardará muchas de nuestras funciones respondiendo al instinto de “pelear/huir” para darle energía y oxígeno a nuestros músculos.

sistema nervioso autonomo

Imagen: Wikipedia. En rojo, el sistema simpático. En azul, el sistema parasimpático.

El ejemplo es este: Imagina a una mujer prehistórica (no hemos evolucionado tanto desde ese momento, al menos no en nuestro cerebro instintivo). Esta mujer va a parir y está buscando un lugar seguro para hacerlo. Si encuentra el lugar seguro, ella se sentirá tranquila, liberará oxitocina (que también le decimos hormona el amor) y su útero se relajará y continuará su trabajo con las contracciones, el cérvix se dilatará y comenzará el trabajo de parto. Pero si esta mujer se siente amenazada (digamos que le aparece un oso), su sistema secretará adrenalina: el útero detendrá las contracciones, el cérvix se cerrará, su digestión se paralizará, su corazón latirá de prisa y su respiración aumentará para surtir a los músculos de sangre y oxígeno para “pelear/huir”. Y aunque pienses que no, porque es a menor escala, cuando menstruamos sucede exactamente lo mismo. (Adrenalina y oxitocina no pueden estar juntas al mismo tiempo, se inhiben mutuamente) (2).

Las mujeres de ahora nos preocupamos y nos inventamos “osos” que no existen. En realidad estamos bastante seguras, pero el sistema parasimpático no entiende razones, reacciona al estímulo emocional: Miedo, angustia, ansiedad, estrés, enojo, frustración. Los interpreta como la misma cosa, traemos adrenalina todo el tiempo la cual hace que nuestros órganos trabajen a sobremarcha (3). Por eso, en estos tiempos, los seres humanos padecemos de gastritis y colitis nerviosa, enfermedades cardiovasculares, hígado graso, hipertensión, transtornos del sueño; y en el caso particular de las mujeres, dismenorrea, amenorrea, complicaciones de condiciones como ovarios poliquísticos y la mayor intervención en los partos en toda la historia (4) (cuando el parto se retarda por el miedo al dolor o a morir, la angustia, las preocupaciones, comienza la intervención médica, que aunque ha salvado muchas vidas, también ha puesto en riesgo innecesario a otras, evitando el flujo del parto normal y todas sus interacciones hormonales que son tan delicadas).

¡Ahí está! ¡Hakuna Matata!

Por eso, y aunque no se tenga ninguna enfermedad, por salud y prevención hay que descansar suficiente, meditar, practicar yoga u otros ejercicios, tener tiempo de recreación y relajación de calidad, además de una dieta saludable y adecuada para nuestra consitutición física y requerimientos energéticos (5). Nuestro ritmo de vida en estos tiempos es bastante intenso,y nuestro cuerpo lo reclama porque al fin, en nuestra etapa evolutiva, seguimos siendo cazadores y recolectores.

¿Cuál es tu remedio natural más efectivo contra los cólicos?

(1) Esta sociedad está tan acostumbrada a evadir el dolor y etiquetarlo como malo a toda costa. Pero algunos dolores como éste, como el dolor de haber hecho ejercicio, como el dolor de hambre e incluso el dolor de quemarse con un cerillo, son dolores buenos: Nos avisan que el cuerpo está haciendo lo suyo para su conservación, nos alejan del daño, nos alimentan, construyen músculos… No podemos siquiera comparar este tipo de dolores con los dolores de una enfermedad, como el cáncer, por ejemplo.

(2) La oxitocina se libera al contacto físico agradable, por ejemplo en las relaciones sexuales consensuadas. Un buen orgasmo está lleno de oxitocina. El contrario sería la adrenalina en una relación sexual forzada. (Es el mejor ejemplo para entender por qué no están al mismo tiempo). El mejor consejo contra los cólicos (y el mejor acelerador del parto): tener un buen orgasmo. 

(3) Imagina a un animal salvaje en su estado natural. No importando que sea el depredador o la presa, no están todo el tiempo corriendo, huyendo, saltando, cazando. La mayoría del tiempo están tranquilos y solamente cuando se activa el instinto de “pelear/huir” es que sus cuerpos se llenan de adrenalina y reaccionan de la misma forma que ya describimos. Para los animales, este mecanismo es una forma de supervivencia, a nosotros que ya resolvimos nuestras necesidades básicas de seguridad y sustento, nos está matando. ¿Lo habías pensado?

(4) Mientras la OMS sugiere que del total de los partos, alrededor del 20% requerirá una cesárea debido a factores de riesgo, en la actualidad en muchos países del mundo este porcentaje está bastante elevado. Chile y México se encuentran entre los países que hacen más cesáreas. De muchas formas nos venden el miedo para practicarnos una cuando no presentamos factores de riesgo durante el parto o el embarazo.

(5) En pocas palabras: Al diablo las dietas… y también la comida chatarra. Nuestras fuentes alimenticias suelen ser pésimas: Cuando no son harinas o azúcares refinadas, son alimentos modificados genéticamente, y si no, refrescos y alcohol. Con la comida programamos al cuerpo y también la mente, y nuestra primera responsabilidad sobre nuestra salud es elegir de la mejor forma posible aquello que nuestro cuerpo absorbe. Muchas predisposiciones genéticas como la diabetes, el cáncer y las enfermedades auto inmunes podrían activarse bajo una dieta no saludable y bajo un ritmo de vida estresado.


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Día 9: Ilusión 

Se que estoy brincándome los días, pero qué más da. 

Estoy ilusionada, emocionada y también un poco enamorada, y como esas son el tipo de cosas que no se pueden disimular, tengo que contar al menos un poco. 

¿Qué es la ilusión? Tal vez una expectativa, una esperanza. Es mirar al futuro con un enfoque especial. Es la anticipación de algo que se desea mucho y que está por cumplirse, o que, por alguna afortunada serendipia, se creía perdida y se ha recuperado. 

Por muchos años tuve muchas dudas sobre mi profesión. He trabajado en diferentes proyectos y a veces sentía que no era suficiente, que no era importante y que no había aprendido nada nuevo. No se sí esto sea por una enorme exigencia en mi misma, o por inseguridad en mis capacidades. 

Lo cierto es que hoy tengo una ilusión nueva, encontré un camino que ya había andado y que no sabía exactamente a donde me estaba llevando. Hoy lo sé, me ha traído a este punto donde muchas cosas tuvieron que ponerse en su lugar para que yo pudiera ver hacia donde había que continuar. 

Así que parece que me enamoré. Otra vez. Y me da ilusión pensar en todas las posibilidades que este camino me ofrece si me propongo andarlo. Me enamoré de un sílabus, de una tira de materias de dos años, que de leerla siento que pertenezco ahí. 

Estos días tengo que aprovechar esta inspiración que siento para sentarme a redactar cartas, a reunir y describir trabajos que he hecho y que digan que soy apta para este posgrado. Tengo que “ponerme guapa” para coquetearle a este curso, hacerle ver por qué me tiene que escoger precisamente a mi, qué puedo ofrecerle que otros candidatos no puedan. Y yo, que soy muy fan de lo espontáneo y del amor a primera vista, siento que me hormiguean los dedos y se me acelera el corazón de pensar que tengo que explicar estas cosas. ¡¡Y me niego a pensar que no seré aceptada!! Estos días sólo sueño con volver a esa escuela como parte de ella, con sentarme a bocetar por horas, a comerme a mordidas esos libros que no he leído. Me veo exprimiendo todo el conocimiento nuevo que pueda encontrar y generar. 

Si tú, querida persona que lees mis pensamientos, te gustaría recomendarme algo qué enfatizar de mi personalidad o mis habilidades, te pido por favor que me lo hagas saber. A veces no lo percibimos hasta que alguien externo nos lo hace ver. 

La maestría a la que quiero aplicar se llama Diseño infantil. 😻

¡Gracias! Y gracias a las mariposas en la panza. 


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Día 08: Día libre

Me han dicho que trabajar más de 40 horas a la semana raya en lo poco sano, y yo, que soy una workaholic medio intensa, he tenido que poner gran esfuerzo en adaptarme al ritmo de vida más lento de este  país. 

Le insisto a mi jefa que me deje trabajar toda la semana, pero por una cosa u otra, es común que tenga un día libre bastante seguido. 

Y antes pensaba, “más de lo que yo quisiera” pues día libre significa un día menos de sueldo.

Pero al pasar de los meses he aprendido a apreciar los días libres (que no son los fines de semana).

Seré honesta, mis primeros días libres eran como cualquier fin de semana largo. Dormía hasta muy tarde, me levantaba y hacía dos comidas del día en una, me quedaba leyendo en la cama o jugando videojuegos, como una adolescente que no quiso ir a la escuela.

Gracias a que me discipliné un poco (y a que al final del día no me sentía descansada con ese régimen perezoso), mis días libres ahora son un lienzo en blanco, y ahora, en las horas bien planeadas, surge una gran inspiración para expresar un montón de creatividad, buscar otros empleos, tejer, pintar, ir al museo sola, hacerme un buen smoothie después de una intensa sesión de ejercicio o darle atención a mis plantas. Hasta limpiar es divertido. 

 

Aquí, el avance de un boceto en tinta de jamaica…

 
Por cierto que, gracias a mis días libres puedo también dedicarle tiempo a las chambas freelance cuando las hay, y también al trabajo voluntario que puedo hacer con organizaciones. 

Hace unos años, siempre me faltaba tiempo. 

Y por eso, ahora agradezco los días libres que me enriquecen de otras maneras. 

Y como dijo Mick Jagger, ¡a descansar cuando me muera! 😁


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Día 02: Colores 

Todos los días trabajo con colores. Tomo un gran muestrario Pantone, encuentro un tono que me envía un cliente, encuentro el color en la gama Oracal y trato de igualarlo en la pantalla. 

Mis ojos tienen una buena memoria cromática. A veces ya no tengo que tomar el muestrario, solo busco en mi propio archivo mental una combinación de números y letras que le dan nombre a un tipo de color. Y es fantástico corroborar que era el color indicado. 

El otro día hice una prueba de esas de Facebook, si podía reconocer los colores distintos en la pantalla. Las diferencias se iban haciendo cada vez más sutiles, y fallé solo una. “¡Felicidades, tienes ojos de halcón!”. 

Pero luego leí que los animales no pueden ver en colores. Ven blanco y negro y tal vez a veces detectan algunos tonos de rojos o azules. Qué triste pensar que se pierden de tantas cosas bellas por color, como las flores o un hermoso atardecer… 

Sé que mi vista es un bien que no durará por siempre. Empecé a usar lentes a los 24 y desde entonces se deteriora cada día. Tal vez algún día ya no podré distinguir las diferencias sutiles de los colores. Quién sabe. Pero trato de guardar en la memoria todos los colores y formas que me gustan para que cuando todo esté negro, yo cierre los ojos y vea colores. 

Gracias vista, gracias colores. 

 
Esta foto la tomamos en Delsjön, un lago que está en Gotemburgo.  El mismo lugar ofrece un espectáculo de colores, luz y sonidos diferentes en cada estación del año. ¡Uno de nuestros lugares favoritos! 💙