El blog de Yenas

Curioseando y compartiendo


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Mi primer amor, mi primer hogar

… Una carta para la que estoy usando los dedos de mi mano como vehículo de lo que mi corazón, mis entrañas y mi ser piensan y sienten. 

Ahora que he estado trabajando muy de cerca con mujeres y algunas de ellas embarazadas o recién teniendo a sus bebés, me doy cuenta de la enorme responsabilidad que es ser madre. Algunas de ellas han compartido cómo, en circunstancias muy difíciles, han preferido no serlo, y las respeto. Otras cómo por el contrario, les ha costado muchísimo tener a un bebé, expuestas a un montón de preguntas si estarán bien de salud, si algo no están haciendo bien, expuestas a la crítica de quienes les rodean. Y no solo es el embarazo, sino el momento del parto que es uno de los más decisivos en la vida de las mujeres que deciden ser madres; sino todo lo que viene después: Desveladas, limpiar vomitadas, cuidar enfermedades, dar de comer; equivocarse mil veces, tolerar llanto, desesperarse, preguntar qué no se está haciendo bien, apretarse económicamente… Pero también con sus recompensas como el que un ser chiquitito te llame “mamá”, el que una hija (o cuatro) te vean como la mujer más bella que existe y existirá, como su ejemplo de vida, como el reírse juntas mil veces de la misma anécdota de cuando eras bebé. De que puedas echar un ojo a uno de los muchos volúmenes de álbumes de fotos, que has guardado con tanto amor estos años porque cada momento ha sido precioso y nunca volverá. Ahora lo intuyo…

Una es madre toda la vida… Y cuando recibo un mensajito, una llamada, una imagen deseándome un buen día, preguntándome cómo estoy, preocupada por mi salud o preocupada simplemente porque “no me he reportado” lo entiendo (aunque a veces me desquicie un poco, jajaj). Es el amor que no conoce fronteras. Son tus brazos los que añoro cuando me siento un poco enferma y un poco sola y un poco incomprendida, son tus brazos y tu perfume que me consuela, me conoce desde lo más profundo y mueve los nervios más primitivos de mi ser. De ti, de tu sangre vengo, del rincón más sagrado de tu cuerpo me nutrí y me formé. Tú fuiste la primera en saber que yo existía, la primera en creer en mí y en defenderme, la primera en escuchar los latidos de mi corazón y la primera en soñarme. ¡Eres mi primer amor! Eres tú lo primero que yo vi del mundo, lo primero que conocí como un hogar…

Me miro en tí y somos tan iguales, y tan distintas. Nos leemos el pensamiento y podemos reaccionar muchas veces a lo que la otra está pensando y sintiendo. Pero no cabe duda de que todo el tiempo y con mucho amor (hasta en las discusiones y desacuerdos) estamos conectadas aprendiendo una de la otra. Agradeciendo a la vida que nos haya puesto en el mismo camino. Agradeciendo que hayas dicho SÍ a la posibilidad de que yo existiera. Agradeciendo una y mil veces, que hayas sido tú y no otra, con mi papá y no con otro, los que me invitaran a vivir un rato en el mundo.

Nos quedan años de crecer, de amarnos de abrazarnos, de sentirnos cerca, como amigas, como mujeres como hermanas, como madre e hija que somos, (y tal vez en un futuro como hija y madre). Que cada día, cada año, cada momento y cada risa estén llenas de tu fuerza vital que el universo te dio para ser madre… que ojalá un día, si tengo la bendición de ser madre también, me acompañes, me guíes, me instruyas y me regañes, que me obsequies un poquito de esa energía creadora que es tan tuya y de nadie más.

Todas las madres son mujeres

pero no todas las mujeres son madres.

Todos venimos de una mujer, pero

para que esa mujer se pueda llamar madre,

hace falta que decida abrir su corazón,

que decida renunciar a muchas cosas que son deseables,

comodidad, sueño, belleza (que adquiere de forma permanente

por misteriosos caminos del espíritu,

aunque no siempre corresponde a la que demanda de sí

el mundo)

hace falta que aprenda a equivocarse

y a que nada está escrito.

Yo no sólo vengo de una mujer

Vengo de una madre que es ejemplo de generosidad

paciencia, humildad y armonía.

Que no ha escatimado amor, recursos ni tiempo

para que yo y mis hermanas seamos las mujeres que somos hoy.

Que además, ha sido madre para much@s otr@s,

que se acercan a ella y le piden consejo y consuelo,

que la siguen, la admiran, aprenden de ella.

Hace falta un corazón grande, que tenga mucho espacio

para guardar cada memoria y cada momento

de felicidad, de ansiedad o de extravío

de insomnio, de enojo o de cansancio.

Hace falta que mire a la Luna para entender

cómo es que llegado el momento, l@s hij@s la mirarán

le preguntarán, le reprocharán o se irán

y como el ciclo que vuelve, también ellos volverán

la amarán, pedirán perdón, la entenderán

y al final de la vida, también ahí, a su lado,

serán ellos los que guíen sus pasos.

…………………

Para mi mamá. ❤ Mayo 2013.

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La menstruación NO es un tema político

En Venezuela, en este mismo momento, se está hablando de menstruación. Y no en un tono favorable, sino en el peor de los tonos misóginos, capitalistas y cegados por la ilusión del progreso. Varias orgullosas usuarias de las toallas de tela (entre ellas yo incluída) hemos recibido cualquier cantidad de ofensas personales al intentar abrir un diálogo objetivo sobre el tema. Les invito a que vean el video que abrió a polémica y que lean los comentarios que ahí se están compartiendo. (Compartido por Verena Vásquez)

Es cierto, el video tiene ya una tendencia política. Pero sus detractores, en vez de ponerse a investigar a fondo en qué consiste la propuesta, la tacharon inmediatamente como una movida política para evitar hacerse responsables de la suficiencia de insumos de higiene femenina. Todo esto, evidentemente, sin hacer ningún tipo de investigación sobre los riesgos reales que conlleva el seguir utilizando productos desechables. Con toda saña racista, calificaron a las protagonistas del video como pobres indias ignorantes, cochinas, animales, retrógradas; mezclando todo tipo de insultos parecidos a personas como yo que comentamos a favor de la propuesta y a favor de quitarle el tono político al tema; y haciendo gala de misoginia e ignorancia. Aquí un artículo al respecto, que profundiza un poco más en la situación política que desencadena estas reacciones. (Compartido por Cristina Gil)

Existen muchísimos recursos en internet en dónde consultar los grandes beneficios de volver a las toallas de tela. Artículos y libros enteros que recuperan la sabiduría de nuestras abuelas, con técnicas de producción actuales que hacen que las opciones en el mercado sean muy cómodas, muy bonitas, muy útiles, fácilmente lavables. De las mujeres que las usamos (es ya una comunidad bastante grande) nadie ha reportado haber tenido infecciones vaginales por esto, todas reportan mayor comodidad, cero olores y ningún problema para lavar y sacar manchas. Nada de esto nos toma mayor tiempo ni recursos que aquellos que usamos para lavar toda la ropa como normalmente se hace. Y por el contrario, reportamos un reencuentro con nuestra sangre, un desvanecimiento de todos nuestros prejuicios, un sentido de pertenencia a nuestro género y a nuestro mundo, una reconexión con lo sagrado que nos había sido arrebatado de nuestras entrañas. No existe lo que llaman “un olor a vagina putrefacta”, porque la vagina no se está pudriendo, está en plena vida y nos está diciendo lo sanas que somos, lo rebosante de vida que estamos, la naturaleza actuando a través de nuestros cuerpos. ¿Qué puede ser más hermoso que eso?

Nuestra sangre femenina es el primer cobijo del embrión humano. Está cargada de nutrientes que son nuestro primer alimento. Decir que la sangre menstrual es asquerosa es de hecho, renegar de nuestras madres y abuelas y de nuestra propia vida. A partir de esto vienen más decisiones cotidianas en las que tomamos consciencia de cómo estamos tratando a nuestro cuerpo y a nuestro medio ambiente. ¿Cómo y qué comer? ¿Qué tomar cuando me siento enferma? ¿Qué productos consumir? ¿Cómo cuido de mi higiene? E incluso esta actitud crítica y reflexiva se va extendiendo hacia nuestras relaciones personales y forma de interactuar con los demás. Cómo mantener amistades sanas, cómo manejar sabiamente las emociones y opiniones, cómo reciclar nuestras emociones negativas. Es un aprendizaje que implica en verdad, desaprender hábitos y falsas creencias con las que crecimos.

Quienes incluso, fertilizamos nuestras plantas con nuestra sangre menstrual nos hemos percatado de que no se mosquean, no huelen mal, no se queman, no se mueren; sino que por el contrario, gracias al hierro contenido en el el fluido, las plantas adquieren un color verde intenso, adquieren firmeza y aguantan climas tan extremos y sin sol como en el norte de Europa que es donde vivo actualmente. ¿Y cómo no va a serlo? Si la sangre menstrual está llena de información genética que le comunican a mi alimento lo que yo necesito consumir. Esta inteligencia natural es la misma que la de la leche materna, en la que la madre produce exactamente el tipo de nutriente que su bebé necesita. Es la simbiosis que existe en la naturaleza en muchos niveles, y que los seres humanos, en pro de un avance tecnológico deshumanizado, estamos desaprovechando para nosotros mismos, y en el peor de los casos, lo estamos destruyendo para otras especies. Usar una toalla de plástico por cuatro horas que luego estará degradándose en la tierra o en el mar por los siguientes 600 años… Eso sí es asqueroso. Sin contar las incomodidades e irritaciones que el uso de esa toalla provocará en la piel de los genitales de muchas mujeres, con sus sabidas infecciones y molestias, así como con el gasto que esto se lleva de nuestro presupuesto mensual. Multiplicar esto por la cantidad de mujeres en el mundo y la cantidad de toallas que se utilizan… los números empiezan a ser bastante impresionantes. Aquí otro video de unas chicas en Ecuador, que hicieron toda una investigación al respecto. (Compartido por Samanta Lezama)

¿Cómo empezar a operar el cambio? ¿Cómo informarse más, aprender, reflexionar e implementar? Porque sí, todos podemos hacer algo desde nuestra posición, nuestra edad, nuestro género. Comencemos por entender que el ser humano no es el centro de la creación. No somos ningún ser especial que tiene el derecho de subyugar a otras especies, los recursos del mundo o a otras personas. No hay categorías entre nosotros. Todos somos UN género humano y somos parte de la naturaleza, ésta no nos pertenece. Entendiendo este sencillo principio veremos claramente las relaciones que se establecen entre nosotros y la naturaleza, que todo lo que hacemos tiene consecuencia en este mundo y que cuando concientizamos algo y lo hacemos muchas más personas, el impacto se incrementa o se reduce considerablemente.

Como mujer, es imprescindible ver el documental “La Luna en ti” de Diana Fabianova, que muestra explícitamente cómo la menstruación se ha manipulado a través de la historia (de la cual el caso venezolano será un capítulo más) para poder someter a la mujer a las conveniencias del poder patriarcal. Cómo en verdad necesitamos reconciliarnos con nuestro cuerpo para salir de ese círculo vicioso de manipulación y dependencia de un sistema uni-género.

También, comenzar a leer otro tipo de información que nos abra los ojos a esa realidad que se nos ha inducido a ignorar, porque una mentira repetida mil veces no se convierte en verdad.

Puedes googlear: toallas de tela, copa menstrual, dioxinas, ecofeminismo, menstruación consciente y sus variantes en otros idiomas.

Puedes buscar libros de: Clarissa Pinkola Estes, Sabine Lichtenfehls, Christiane Northrup, Pabla Pérez San Martín, Casilda Rodrigáñez, Judy Grahn, Lucia Renee

Puedes visitar los blogs de: Helecho Verde, El camino Rubí, Gaia Scouts, Flor de Cayena, Ginecología Natural, Museum of Menstruation, La Carpa Roja, The project of 35

Puedes comenzar a hablar de menstruación como charla de café y quitarle la etiqueta de tabú que ha tenido por siglos.

Puedes comenzar a llevar un calendario lunar con todas las observaciones de tu ciclo y compartirlo con tu pareja para que juntos aprendan a trabajar con la naturaleza y no en contra de ella. Él o ella debe ser tu primer cómplice para esta tarea, pues es al tener una pareja, se convierte en un increíble viaje compartido.

Puedes comenzar a tratar a tu sangre como algo preciado y no como algo asqueroso, pintando con ella y luego depositándola en la tierra a tus plantas. Desecharla por el inodoro es mucho mejor que desecharla envuelta en una toalla que no va a desintegrarse mientras tú vivas. [Yo estoy haciendo mi álbum y llevo tres pinturas, cuando complete el año lo daré a conocer con mucho gusto y orgullo]

Puedes unirte a un círculo de mujeres y comenzar a platicar con otras sobre sus experiencias, vivencias, consejos y prácticas.

Si eres hombre, puedes comenzar a preguntar a tu pareja, amigas, hermanas, mamá, cómo es menstruar, en vez de dar por hecho que las mujeres somos un manojo irracional de hormonas. Puedes comenzar a darte cuenta de que son tus acciones las que provocan las reacciones de cualquier persona, y no desacreditar a ninguna mujer por tener o no tener la menstruación. Revisar tu propia actitud hacia las mujeres verdad es una gran ayuda. Aplicable también a mujeres que no dejarán de criticar a otras por lo mismo en su afán de querer pertenecer a este mundo masculino, anulándose a sí mismas en el camino.

Otros artículos para leer:

– The menstruating buddhist

– The art of opening

– Una lista de excelentes libros para leer sobre la naturaleza de la mujer

– Wild man, wild woman. An interview with Dr. Clarissa Pinkola Estes, from the Men’s Web.

– Organización mundial de la Salud, dioxinas

– De alternativas saludables y otros debates (con opinión médica)

Y seguro que hay muchos más, seguimos en la búsqueda.

Si tienes links que te gustaría añadir, puedes dejarlos en tus comentarios para que los pongamos en este texto, junto con tu nombre. 🙂 ¡La colaboración es imprescindible!